Calendario por técnico y por equipo
Quién tiene qué y cuándo, con filtros por cliente, centro, tipo de trabajo o estado. Es la vista del día a día.
Feature
El calendario de mantenimiento no es una agenda: es el sitio donde se decide qué no se va a hacer esta semana. Y esa decisión se toma mejor viendo la carga real de cada persona.
Tres cosas que compiten entre sí. Lo periódico, que tiene fecha y no debería moverse. Lo correctivo, que entra sin avisar y casi siempre es urgente. Y lo que se arrastra de la semana anterior. Planificar consiste en encajar las tres en las horas disponibles de un equipo que tiene turnos, vacaciones, desplazamientos y días en que alguien no aparece. Hacerlo en una pizarra funciona con cuatro técnicos; a partir de ahí el problema no es dibujarlo, es enterarse de los cambios.
No por falta de plan. Por falta de realidad en el plan.
La misma información en la forma que pide cada decisión.
Quién tiene qué y cuándo, con filtros por cliente, centro, tipo de trabajo o estado. Es la vista del día a día.
La carga repartida en el tiempo, para ver de un vistazo dónde se acumula el trabajo y qué semana está vacía.
Las órdenes preventivas previstas aparecen en el calendario antes de generarse, con su fecha y su tiempo estimado. Es lo que permite reservar horas.
Centros agrupados por ruta y asociados a sus técnicos, para que la asignación tenga en cuenta la geografía y no solo la disponibilidad.
La disponibilidad real del equipo dentro del mismo calendario. Planificar sin eso es planificar sobre una plantilla que no existe.
Para los equipos que todavía quieren la hoja de ruta en papel al empezar la jornada.
Ningún día de mantenimiento termina como empezó. Por eso el calendario permite mover un trabajo arrastrándolo a otra fecha o a otro técnico, y el cambio llega al móvil de quien lo tiene asignado sin que nadie tenga que avisar. La diferencia práctica no es la comodidad de arrastrar: es que cuando reprogramar es fácil, se reprograma; y cuando reprogramar exige avisar por teléfono a tres personas, lo que ocurre es que el plan se abandona y cada uno improvisa. Un calendario que no refleja lo que de verdad va a pasar es peor que no tener calendario, porque además da falsa seguridad.
La pregunta que casi nadie puede responder es cuánto trabajo cabe. Con los tiempos estimados en los planes preventivos y en los tipos de trabajo, el calendario deja de ser solo un reparto y empieza a ser una medida: cuántas horas de preventivo pide el mes que viene, cuántas quedan libres para correctivo y a partir de qué punto hay que subcontratar o decir que no. Es la información con la que se negocia una ampliación de contrato sin comprometerse a algo que el equipo no puede sostener.
Decidir quién hace qué parece un reparto de carga y en realidad son tres decisiones a la vez. Está la competencia, porque no todo el mundo puede atender cualquier equipo ni tiene la habilitación que algunos trabajos exigen. Está la geografía, porque mandar a alguien al otro extremo de la zona cuando hay un compañero al lado cuesta una mañana. Y está el conocimiento acumulado: quien estuvo la última vez en esa máquina resolverá antes que quien llega nuevo, aunque los dos sepan hacerlo. Un calendario que solo muestra huecos permite tomar la primera decisión; uno que muestra además dónde está cada uno y quién atendió antes ese equipo permite tomar las tres, que es la diferencia entre repartir trabajo y organizarlo.
Hay una asimetría útil que conviene aprovechar. El responsable necesita ver la semana entera, todos los técnicos a la vez y los huecos, porque su trabajo es decidir. El técnico necesita exactamente lo contrario: lo suyo, ordenado, empezando por lo de hoy, sin el ruido de lo que hacen los demás. Enseñar a los dos la misma pantalla obliga a que uno de ellos filtre mentalmente cada vez que la abre, y en la práctica lo que ocurre es que el técnico deja de abrirla y pregunta por teléfono. Que cada perfil vea la versión que necesita no es una cuestión de comodidad: es lo que determina si el calendario se usa o se convierte en una herramienta de oficina que en campo nadie mira.
El técnico ve su trabajo en la app, que es la vista que necesita: lo suyo y empezando por hoy. La planificación completa de la semana, con todo el equipo a la vez, es una tarea de escritorio por una razón práctica: requiere ver muchas cosas juntas y arrastrar entre ellas, y eso en una pantalla de móvil no se hace bien por mucho que se adapte.
Sí. Turnos, festivos y ausencias forman parte del mismo calendario, y la generación automática de preventivos comprueba la disponibilidad antes de crear la orden cuando está activo el módulo de recursos humanos.
Sí, y el cambio llega al móvil del técnico sin que haya que avisarle aparte. Es lo que hace que reprogramar se haga de verdad en lugar de abandonar el plan.
Sí. Las órdenes preventivas previstas se ven con su fecha, sus activos y su tiempo estimado antes de existir como orden, que es lo que permite reservar horas y negociar paradas.
Sí. Los centros se agrupan en rutas y se asocian a sus técnicos, de modo que la asignación tenga en cuenta la geografía. La app además permite ordenar las órdenes del día por proximidad con el GPS.
Con los tiempos estimados de los planes y de los tipos de trabajo se puede ver cuántas horas de preventivo caen en cada periodo y cuántas quedan libres para lo imprevisto.
En la demo la montamos con tus técnicos, tus turnos y tus rutas, y vemos cuánta capacidad te queda de verdad.
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