Ve solo lo suyo
Los trabajos que le asignas y nada más. Ni tus otros clientes, ni tus precios, ni el resto de tu operación.
App de subcontratas
Cuando parte del mantenimiento lo ejecuta una empresa externa, lo normal es que su parte viva en su sistema y a ti te llegue un PDF. Ese PDF no es histórico: es un documento que alguien tendrá que buscar dentro de dos años.
Para cualquier operación donde una parte del trabajo lo ejecuta un tercero: mantenedores que subcontratan especialidades, cadenas que trabajan con proveedores de zona, ayuntamientos con contratas adjudicatarias, y propietarios de activos con un contrato de operación y mantenimiento. También sirve al revés: si tú eres el subcontratado, es el portal por el que trabajas para tu cliente.
Nada de esto es culpa del proveedor. Es una consecuencia de dónde vive el dato.
Un acceso propio, acotado, con circuito de ida y vuelta.
Los trabajos que le asignas y nada más. Ni tus otros clientes, ni tus precios, ni el resto de tu operación.
Con el activo, su histórico, la documentación técnica y las comprobaciones que debe hacer. No un correo con una dirección.
El proveedor indica quién va a ir, y tú lo sabes antes de que llegue. Queda registrado quién intervino.
Horas, materiales, fotos y comprobaciones dentro de tu sistema, con el mismo formato que el resto de tus partes.
Lo que excede del alcance se presupuesta antes de ejecutarse, con su aprobación registrada.
Seguros, certificados y acreditaciones colgados del proveedor, con su fecha de caducidad y su aviso.
De más a menos implicación por su parte. Elige la que tu proveedor esté dispuesto a asumir.
El proveedor entra con sus credenciales, ve sus trabajos, asigna a su técnico y registra lo ejecutado. Es la opción completa y la que más información devuelve.
Le mandas un enlace a la orden concreta y la rellena sin crear cuenta ni recordar contraseña. Se puede abrir en modo lectura o escritura, protegerlo con contraseña y ponerle caducidad, y revocarlo cuando quieras.
El documento se lee automáticamente y se propone como orden con su proveedor, su activo, sus horas y sus materiales ya extraídos. Alguien lo revisa y lo confirma. El proveedor no cambia nada de lo que hace hoy.
Es la objeción real y conviene tomársela en serio: una empresa pequeña que te hace tres trabajos al mes no va a adoptar tu herramienta, y presionarla solo consigue que el parte llegue más tarde. Por eso hay tres niveles y no uno. El enlace público resuelve el caso intermedio —rellena la orden desde el móvil, sin cuenta ni contraseña— y la lectura automática de documentos resuelve el extremo: si va a seguir mandándote un PDF digas lo que digas, al menos que ese PDF entre solo en el sistema en lugar de que alguien lo teclee. En los tres casos el resultado es el mismo y es lo único que importa: el registro acaba en tu histórico.
El documento que llega se procesa para extraer su texto, y de ahí se propone una orden con el proveedor, el activo, las horas por técnico y los materiales identificados. Conviene ser preciso en dos cosas. La primera es que propone, no decide: la orden entra marcada para revisión y una persona la aprueba, la corrige o la rechaza, y existe acción para deshacerla. El comportamiento automático sin revisión está apagado de fábrica, y activarlo es una decisión consciente de cada instalación. La segunda es que la extracción del texto ocurre en infraestructura propia y el documento no se almacena en ese paso. Lo que sí cabe esperar es lo normal en este tipo de lectura: con partes bien estructurados acierta casi siempre, y con un manuscrito torcido, menos.
La diferencia con un acceso de consulta está en que el proveedor puede mover el trabajo, y su movimiento actualiza el estado en tu sistema. Cuando asigna técnico, cuando finaliza, cuando paraliza porque le falta material, cuando cancela, cuando solicita validación de lo hecho o cuando pide el pago: cada una de esas acciones tiene su propio estado y queda registrada con su fecha. Eso convierte la relación con la subcontrata en algo que se puede seguir sin llamar por teléfono, y da respuesta a la pregunta que más veces se hace en una operación con proveedores externos, que es sencillamente en qué punto está aquello.
Los estados se marcan por separado como visibles para la gestión, para el cliente y para el proveedor, así que puedes tener un circuito interno con el detalle que necesitas y enseñarle al proveedor una versión acotada. También se puede impedir que un estado concreto lo mueva él. Ese control es lo que permite abrir el sistema a terceros sin exponer de más: el proveedor trabaja dentro, con lo suyo delante, pero el gobierno del circuito sigue siendo tuyo.
Es el argumento de fondo y conviene decirlo sin adornos. Si cada intervención se registra en el sistema de quien la ejecuta, dependes de él para saber qué tienes y qué te ha costado, y el día que el contrato cambie de manos empiezas de cero: nadie sabrá qué se revisó el año pasado, qué equipos dieron problemas ni dónde están los certificados. Cuando el proveedor trabaja dentro de tu sistema, cambiar de proveedor pasa a ser lo que debería ser —un cambio de proveedor— en lugar de una amnistía de tu histórico. Y la empresa entrante arranca sabiendo lo que hay, que también le conviene a ella.
Solo los trabajos que le asignas, con su activo, su documentación y sus comprobaciones. No ve tus otros clientes, ni tus precios, ni el resto de tu operación.
Puede mover el trabajo dentro del circuito que tú definas: asignar su técnico, finalizar, paralizar, cancelar, solicitar validación o pedir el pago. Cada acción queda registrada, y puedes impedir que toque los estados que decidas.
El proveedor entra por su propio acceso web con sus credenciales. Sus técnicos se dan de alta bajo el proveedor, de modo que quede registrado quién intervino en cada trabajo.
No. Las licencias son ilimitadas en todos los planes, así que dar acceso a tus subcontratas no tiene coste adicional por usuario.
Hay tres niveles. Puede entrar con su usuario, puede rellenar la orden desde un enlace público sin registrarse, o puede seguir mandándote su parte en PDF por correo: el documento se lee automáticamente y se propone como orden para que alguien la revise y la confirme.
Un enlace a una orden concreta que se manda a quien no tiene usuario. Se puede abrir en modo lectura o escritura, protegerlo con contraseña y ponerle fecha de caducidad, y se puede revocar o rehacer con una URL nueva cuando haga falta.
Propone, no decide. La orden entra marcada para revisión y una persona la aprueba, la corrige o la rechaza, con acción para deshacerla. El modo automático sin revisión viene desactivado de fábrica.
Es lo habitual y no es un problema: usará el suyo internamente y el tuyo para devolverte lo ejecutado. Lo que se busca no es que cambie de herramienta, es que el registro de lo que hizo en tus instalaciones acabe en tu histórico.
En la demo montamos su acceso con sus trabajos y vemos qué dejaría de llegarte en PDF.
Accessibility
Saved in this browser. Light or dark theme is set from the footer.