Criticidad por zona y por equipo
La prioridad deja de depender de quién llama más fuerte: se define en la ficha del activo y de su ubicación.
Healthcare
Un aire acondicionado estropeado en administración es una molestia. El mismo fallo en un quirófano o en una farmacia hospitalaria es otra cosa, y el sistema tiene que saber distinguirlos antes de que alguien priorice a ojo.
Para hospitales, clínicas, centros de especialidades, residencias sociosanitarias y laboratorios, tanto si el mantenimiento lo lleva un servicio técnico propio como si está concesionado. También para las empresas de mantenimiento que prestan servicio en estos centros, que son quienes más necesitan poder demostrar lo que hicieron.
La instalación se parece a la de cualquier edificio grande. Lo que cambia es lo que hay dentro.
La operación de mantenimiento con la trazabilidad que el entorno exige.
La prioridad deja de depender de quién llama más fuerte: se define en la ficha del activo y de su ubicación.
Personal sanitario que describe el problema y la ubicación con una foto, sin necesitar vocabulario técnico.
Contra incendios, instalaciones térmicas, legionela, baja tensión y grupos, con su gama, su periodicidad y su prueba.
Certificados, actas de inspección y calibraciones colgadas de su instalación, avisando antes de vencer.
Preventivo agrupado por zona y por franja, para concentrar en la ventana disponible lo que exige acceso a áreas asistenciales.
Lo que pide una inspección: qué se ha hecho sobre esta instalación, cuándo y con qué resultado. Filtrado y exportado.
En casi todos los centros sanitarios la priorización funciona, pero funciona porque hay personas que llevan años y saben qué es urgente. Eso es frágil: depende del turno, de quién coge el teléfono y de que esa persona siga ahí. Cuando la criticidad está en la ficha del activo y de la zona, la prioridad de una incidencia sale del sistema y no de la experiencia de quien la recibe. No sustituye al criterio —siempre hará falta—, pero evita que una avería en una instalación crítica espere porque quien la registró no sabía dónde estaba.
Conviene aclararlo: el equipamiento electromédico tiene un régimen propio, con calibración, verificaciones de seguridad eléctrica y requisitos de trazabilidad que suelen gestionarse desde electromedicina con herramientas específicas. GMAO CLOUD no es un sistema certificado de gestión de tecnología sanitaria y no pretende sustituir eso. Lo que cubre es el mantenimiento de las instalaciones y de los equipos generales del centro —clima, electricidad, fontanería, elevación, incendios, cocina, lavandería— que es donde suele estar el desorden y donde se concentran las obligaciones reglamentarias del edificio.
Un hospital o un centro con actividad asistencial continua tiene una característica que condiciona todo el mantenimiento: casi nada se puede parar, y lo que se puede parar hay que negociarlo con quien está atendiendo pacientes. Eso convierte la coordinación con el servicio en parte del trabajo técnico, no en un trámite previo. Y tiene dos consecuencias prácticas. La primera es que la planificación tiene que ser mucho más anticipada de lo habitual, porque la ventana la da el área asistencial y no el equipo de mantenimiento. La segunda es que cuando la ventana llega hay que aprovecharla entera: todo lo pendiente de esa zona, lo que se aplazó esperando precisamente esta ocasión y lo que conviene adelantar debe estar reunido y listo antes. Improvisar esa lista el mismo día es desperdiciar una oportunidad que igual no vuelve en meses.
En un entorno sanitario hay un conjunto de instalaciones cuyo fallo no es una molestia sino un incidente: el suministro eléctrico y sus grupos de emergencia, los gases medicinales, la climatización de zonas con requisitos específicos, el agua y sus tratamientos, los ascensores y las comunicaciones. Comparten dos rasgos que los hacen difíciles de gestionar. Fallan muy poco, así que la rutina de comprobación tiende a relajarse precisamente porque nunca pasa nada. Y cuando fallan, lo primero que se pregunta es cuándo se revisaron por última vez y qué se encontró. Ese par de rasgos define lo que hace falta: comprobaciones periódicas con valores registrados en lugar de conformidades, y un histórico localizable por instalación que no dependa de quién estaba de guardia aquella semana.
Sí, y es lo que conviene: quien detecta que una puerta no cierra o que una habitación no climata es personal asistencial o de limpieza, no de mantenimiento. La vía tiene que permitir describir el problema y señalar el sitio con una foto, sin pedir vocabulario técnico ni conocer el resto del sistema.
Planificando con mucha más antelación de lo habitual y tratando la ventana como un recurso escaso. Lo que funciona es que el área asistencial vea con semanas de margen qué se va a hacer y dónde, y que cuando llegue la ventana esté reunido todo lo pendiente de esa zona en lugar de hacer la lista ese mismo día.
No como sistema especializado de tecnología sanitaria: la calibración y las verificaciones de seguridad eléctrica tienen un régimen propio que suele gestionarse desde electromedicina. GMAO CLOUD cubre el mantenimiento de instalaciones y equipos generales del centro.
Sí, desde un acceso pensado para describir el problema y la ubicación con una foto. No necesitan conocer el sistema ni usar vocabulario técnico.
La criticidad se define en la ficha del activo y de su ubicación, de modo que la prioridad salga del sistema y no dependa de que quien recibe el aviso sepa dónde está esa sala.
Se gestionan como preventivos con su gama de comprobación y su documentación: contra incendios, instalaciones térmicas, prevención de legionela, baja tensión o grupos electrógenos, con registro de qué se revisó y con qué resultado.
Sí, y es un caso frecuente. El concesionario trabaja dentro del sistema y el histórico se queda en el centro, que es quien responde ante la inspección aunque el trabajo lo ejecute otro.
En la demo damos de alta una zona con sus instalaciones y su criticidad, y recorremos un aviso desde planta.
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