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Mantenimiento productivo total (TPM): qué es

Qué es el TPM o mantenimiento productivo total, cuáles son sus pilares, qué pérdidas persigue eliminar y qué hay que registrar para poder aplicarlo.

Actualizado el 6 min de lectura

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  • Industria
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  • Mantenimiento preventivo

El mantenimiento productivo total —TPM, por sus siglas en inglés— es una forma de organizar el mantenimiento que nació en la industria japonesa y que parte de una idea incómoda para el modelo clásico: el estado de los equipos no es responsabilidad exclusiva del departamento de mantenimiento, sino de toda la organización, desde dirección hasta el operario de línea.

El objetivo no es reparar mejor. Es eliminar las pérdidas asociadas a paradas, calidad y coste en los procesos de producción, y hacerlo de forma continuada.

Qué se considera una pérdida

Esta es la parte concreta del TPM y la que conviene entender primero, porque define qué hay que medir. Las pérdidas de eficacia de un sistema de producción no son solo las averías:

  • Averías, que son las que todo el mundo cuenta.
  • Preparaciones y reglajes, el tiempo que la máquina está parada mientras se ajusta para otro producto.
  • Cambios de útiles o herramientas.
  • Desviaciones de los tiempos de ciclo, cuando la máquina funciona pero más despacio de lo que debería.
  • Pequeñas paradas, esas de dos minutos que nadie registra y que sumadas a lo largo de un turno son la mayor de todas.
  • Bajo rendimiento en las puestas en marcha, el arranque que tarda en estabilizarse.
  • Problemas de calidad: recuperaciones, retoques, producto desechado.

La lista es útil porque explica por qué una planta puede tener pocas averías y aun así una eficiencia baja. Lo que no se mide, no aparece; y las pequeñas paradas casi nunca se miden.

Los pilares

El TPM se suele describir con varios pilares. Los que se sostienen sobre el sistema de gestión son cuatro.

Automantenimiento. Los operarios de producción asumen el cuidado elemental de sus equipos: limpieza, inspección visual, lubricación, pequeños ajustes, comprobación de parámetros y detección de anomalías. Es el pilar más conocido y tiene artículo propio, porque es también el que peor sale cuando se plantea como un traspaso de trabajo.

Mantenimiento planificado. El preventivo de toda la vida, con sus gamas y sus periodicidades, ejecutado por el departamento de mantenimiento. En un sistema de gestión esto son las órdenes preventivas que se generan solas a partir de la periodicidad asociada al activo, a su modelo o a su familia.

Mejora enfocada. Grupos pequeños que atacan una pérdida concreta y medida. La condición para que funcione es tener el dato: sin histórico, «mejorar» se convierte en opinión.

Mantenimiento de la calidad. Relacionar el estado del equipo con los defectos del producto. Exige registrar valores, no solo incidencias.

Qué hace falta registrar

El TPM es una metodología, no un software, pero hay una parte que no se sostiene sin registro sistemático. Estas son las cuatro cosas que hay que estar capturando para que el resto tenga sentido.

Las paradas, todas. Incluidas las cortas. La orden de trabajo en GMAO CLOUD guarda la causa de la parada, además de los tiempos objetivo, estimado y de desviación, que es lo que permite comparar lo previsto con lo que realmente pasó.

Las inspecciones, con valores. Un checklist de casillas dice si se miró; uno con valores dice qué se vio. En GMAO CLOUD los campos de checklist admiten mínimo y máximo, de modo que una lectura fuera de rango queda registrada como anomalía en el momento y no como un comentario al margen.

Las anomalías detectadas por quien opera. Y, sobre todo, que lleguen a alguien: una anomalía registrada que no se convierte en incidencia con su prioridad y su responsable enseña al operario que registrar no sirve de nada, y a partir de ahí deja de hacerlo.

El coste, por equipo. No el coste del departamento, que es el que siempre está documentado. El de cada activo, con sus horas, su material y sus paradas acumuladas.

Los indicadores

El TPM se evalúa con datos. Los que salen del propio sistema de gestión y que dicen si algo está cambiando son estos.

MTBF, tiempo medio entre fallos: mide fiabilidad. Si sube, el equipo falla menos.

MTTR, tiempo medio de reparación: mide capacidad de respuesta. Si baja, resolvemos antes.

Tiempo de parada acumulado por equipo, que es el que traduce lo anterior a producción perdida.

Proporción de horas de preventivo frente a correctivo. Es el indicador que mejor describe si la operación es proactiva o reactiva, y el que más tarda en moverse.

Coste acumulado por activo, que es el que permite decidir si una máquina se repara otra vez o se sustituye.

Los informes de MTBF y MTTR, tiempos de parada, anomalías, coste por equipo y horas por técnico existen para esto. Pero solo valen si alguien registró los tiempos cuando ocurrieron: un dato reconstruido a final de mes no sirve para analizar nada.

Cómo convive con el mantenimiento que ya haces

Una duda razonable es si el TPM sustituye al plan de mantenimiento existente. No lo sustituye: lo reorganiza en capas, y cada capa cubre lo que la otra no ve.

La capa diaria la lleva quien opera el equipo, y su valor está en la frecuencia: detecta la degradación antes de que sea avería. La capa planificada la lleva mantenimiento, y su valor está en la profundidad: sustituciones, mediciones y comprobaciones que exigen conocimiento y medios. La capa correctiva sigue existiendo, porque las averías no desaparecen; lo que cambia es que dejan de ser la actividad principal.

El indicador de que las capas están bien repartidas es sencillo de vigilar: si el correctivo no baja al cabo de unos meses en los equipos con ruta diaria, o la ruta no se está haciendo, o está mirando lo que no falla.

Por qué fracasa cuando fracasa

Tres motivos, y ninguno es técnico.

Se plantea como un traspaso de tareas. Si producción entiende que le están pasando el trabajo de mantenimiento, la iniciativa está muerta antes de empezar.

No se cierra el círculo. El operario registra, y no pasa nada. La anomalía no se convierte en trabajo, la propuesta de mejora no se contesta. El registro se abandona, con razón.

No se mide. Sin indicadores, el TPM se convierte en un conjunto de buenas intenciones y en una ronda de limpieza. La única forma de defenderlo ante dirección es enseñar que las paradas bajan.

Por dónde empezar

Por una línea o un grupo de equipos críticos, no por la planta entera. Con sus gamas de comprobación definidas, su periodicidad, sus rutas de automantenimiento y sus indicadores medidos desde el primer día, para poder comparar. Cuando esa línea tenga seis meses de histórico, extenderlo es fácil de justificar; antes de eso, es un acto de fe.

Si quieres ver cómo se montan las gamas, las periodicidades y los indicadores, puedes solicitar una demo.

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