Entra el aviso
Por teléfono, por correo o abierto por el propio cliente desde su acceso. Queda registrado con quién avisa, qué equipo y qué pasa.
Funcionalidad
Todo el mundo repara. La diferencia entre un equipo que apaga fuegos y uno que deja de tenerlos está en si cada reparación deja escrito qué falló, por qué y cuánto costó.
El mantenimiento correctivo es el que se hace cuando algo ya ha fallado: reparar una avería, sustituir una pieza rota, restablecer un servicio caído. Se distingue del preventivo en que no se planifica, y de ahí vienen sus dos problemas: interrumpe lo que estuviera previsto y, como se hace con prisa, es el que peor se registra. Es también el más caro por intervención, porque incluye el coste de la parada además del de la reparación. Ninguna operación aspira a eliminarlo del todo —siempre habrá lo imprevisible—, pero sí a que no sea la mayor parte del trabajo.
Casi nunca porque nadie sepa arreglarla. Porque nadie puede demostrar cuántas veces ha pasado.
El correctivo tiene un recorrido, y cada paso que no deja rastro es información perdida.
Por teléfono, por correo o abierto por el propio cliente desde su acceso. Queda registrado con quién avisa, qué equipo y qué pasa.
La incidencia genera su orden, con prioridad, responsable y tiempo objetivo. Deja de haber avisos que viven en una bandeja de entrada.
Con el histórico del equipo delante. Saber que esa misma máquina falló hace dos meses cambia el diagnóstico.
Horas, desplazamiento y material contra la orden. Si faltó una pieza, la orden queda marcada como pendiente de material en lugar de cerrarse a medias.
Problema, solución, fotos y firma. Lo que permite responder cuando alguien pregunta por esa intervención dentro de un año.
Cada avería cerrada se acumula en la ficha del activo. Es lo que convierte una sospecha en un argumento con datos.
Campos concretos que después responden preguntas concretas.
Por qué se detuvo el equipo, no solo qué se le hizo. Es el campo que permite separar el desgaste normal del problema de operación.
Cuánto se tardó en atender frente a lo comprometido, con la desviación calculada. Es lo que se mira cuando hay contrato de por medio.
Marcar la intervención como cubierta por garantía cambia quién la paga, y conviene que sea un dato y no un correo.
Una avería que espera una pieza no está resuelta ni está abierta sin más: tiene su propio estado, y así no desaparece del radar.
No contra «el centro» ni «la instalación». La reparación se imputa al equipo, que es la única unidad sobre la que se pueden calcular indicadores.
Lo que el técnico ve de paso y no forma parte del encargo. Es la vía por la que un correctivo previene el siguiente.
Con un año de averías registradas contra su activo, aparecen respuestas que antes eran opinión. MTBF y MTTR por máquina dicen cuánto aguanta entre fallos y cuánto se tarda en devolverla a servicio. El coste acumulado por equipo dice cuándo reparar deja de compensar frente a sustituir. El informe de anomalías enseña lo que los técnicos vieron y nadie convirtió en trabajo. Y el registro de órdenes permite comparar periodos: si el correctivo baja mientras el preventivo sube, el plan está funcionando; si suben los dos, hay un problema que no es de mantenimiento.
Conviene decirlo porque se vende mucho lo contrario. Una planta sin ninguna avería imprevista probablemente esté sobre-manteniendo: cambiando piezas que aún servían y parando líneas que no hacía falta parar. El equilibrio razonable no es una cifra universal, depende de lo que cueste una parada en tu caso. Lo que sí se puede decir es que sin registrar bien el correctivo no hay forma de saber en qué punto estás, y que un plan preventivo diseñado sin mirar el histórico de averías es un plan basado en el catálogo del fabricante y en la intuición.
Sí, y conviene hacerlo desde el principio. Una avería que para la producción y un desperfecto que alguien anota para repararlo cuando convenga son los dos correctivo, pero se planifican al revés y cuestan cantidades muy distintas. Separarlos permite agrupar lo diferido en visitas programadas, que es donde está buena parte del ahorro.
Como incidencia —abierta por tu equipo, por el cliente desde su acceso o recibida por correo— que después se convierte en orden de trabajo con su prioridad y su responsable. También se puede crear directamente la orden cuando el aviso llega por teléfono.
Sí. Cada intervención se imputa al activo concreto, así que su ficha acumula el histórico completo. De ahí salen los indicadores de fiabilidad y el coste acumulado del equipo.
La orden queda marcada como pendiente de material en lugar de cerrarse a medias o quedarse abierta sin explicación. Así se distingue una avería en espera de una avería desatendida.
Sí, son informes disponibles y se calculan a partir de las órdenes registradas. Su fiabilidad depende directamente de que las intervenciones se registren en el momento y contra el activo correcto.
La orden guarda el tiempo objetivo, el estimado y la desviación, además del tiempo de respuesta. Es lo que permite revisar el cumplimiento cuando hay un contrato de mantenimiento de por medio.
En la demo la recorremos entera y vemos qué habría hecho falta registrar para poder explicar por qué vuelve.
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