Fiabilidad de activos
MTBF y MTTR por máquina, tiempos de parada e intervenciones por activo. La base para decidir entre reparar y sustituir.
Funcionalidad
Conviene decirlo antes que nada: un cuadro de mando precioso sobre partes que dicen «revisado y funcionando» sigue sin decirte nada. Lo que hace que un informe sirva ocurre meses antes, en cómo se cierran las órdenes.
Los habituales son cuatro. El MTBF, tiempo medio entre fallos, dice cuánto aguanta un equipo antes de volver a averiarse. El MTTR, tiempo medio de reparación, cuánto se tarda en devolverlo a servicio. El cumplimiento del preventivo, qué porcentaje de lo planificado se ejecutó de verdad. Y el coste por activo, cuánto lleva costando cada equipo entre mano de obra y materiales. A partir de ellos se decide lo que importa: si el plan preventivo funciona, qué equipo conviene sustituir y qué contrato es rentable.
No porque falten. Porque nadie se los cree.
Más de sesenta, agrupados por la pregunta que responden.
MTBF y MTTR por máquina, tiempos de parada e intervenciones por activo. La base para decidir entre reparar y sustituir.
Coste por activo, por cliente y por periodo, con mano de obra y materiales separados. Y el beneficio por cliente, que es lo que dice qué contrato compensa.
Plan anual, horas de preventivo por mes y libro de mantenimiento por equipo. Lo que se planificó frente a lo que se hizo.
Horas por técnico y por mes, horas no efectivas, jornadas, ausencias y resumen por jefe de equipo. Con su mapa de jornada cuando hay rutas.
Material consumido en las órdenes, inventario valorado, movimientos de activos entre centros y trazabilidad de lotes.
Órdenes por cliente y por oficio, incidencias por tienda y su evaluación. Es el informe que se entrega en la reunión de seguimiento.
La vista de conjunto para el día a día: qué está pendiente, qué se ha cerrado y qué se sale de lo previsto.
Anomalías detectadas en las revisiones, informes de diagnóstico y reparación, encuestas de satisfacción y registro de acciones de los usuarios.
Cada informe se filtra por cliente, centro, activo, técnico, tipo de trabajo y periodo, y se exporta tal cual queda en pantalla: hoja de cálculo, CSV, JSON o XML. Parece un detalle y es lo que decide si un informe se usa o no. Cuando lo que se descarga no coincide con lo que se estaba mirando, todo el mundo acaba volviendo a montar el análisis a mano en una hoja de cálculo, y a partir de ahí el sistema deja de ser la fuente de verdad. Para quien entrega informes a sus clientes, además, es la diferencia entre preparar la reunión mensual en diez minutos o en media jornada.
GMAO CLOUD trae un catálogo amplio de informes con filtros y exportación, y un cuadro de mando. No es una herramienta de inteligencia de negocio, y no vamos a decir que lo sea: si necesitas cruzar los datos de mantenimiento con los de producción y los de compras en un modelo propio, lo razonable es llevártelos a la herramienta que ya uses para eso, cosa que puedes hacer por la API pública o por exportación. Lo que sí cubre el producto, y cubre bien, es la pregunta operativa del día a día y la del comité mensual.
Uno solo, y muy poco sofisticado: qué órdenes hay abiertas y desde cuándo. Es el que detecta a la vez si el equipo está registrando el trabajo, si el circuito se cierra y si hay algo atascado esperando un repuesto o una aprobación. Todo lo demás —costes, fiabilidad, comparativas entre centros— necesita histórico, y pedirlo antes de tenerlo solo produce gráficos que nadie puede interpretar.
Menos de lo que se suele plantear al arrancar. Los indicadores de mantenimiento se mueven despacio, y mirarlos cada semana produce ruido que se confunde con tendencia y decisiones tomadas sobre variaciones que no significan nada. Una revisión mensual de lo operativo —cumplimiento del plan, órdenes abiertas, pendientes antiguos— y una trimestral de lo estructural —coste por activo, repetición de fallos, fiabilidad— cubren prácticamente todas las decisiones reales.
Casi siempre porque el dato de origen está incompleto, no porque el informe esté mal. Órdenes sin tipo, horas que se imputan a ojo al final de la semana o materiales que nadie descuenta producen gráficos impecables que no describen la realidad. Cuando un informe sorprende demasiado, la primera comprobación es siempre de dónde salen sus datos.
Sí, son dos de los informes disponibles y se calculan a partir de las órdenes registradas. Su fiabilidad depende de que las intervenciones se cierren contra el activo correcto y con sus tiempos reales.
Sí. Horas, materiales y desplazamientos se reparten por cliente, centro y activo, y hay informes de coste y de beneficio por cliente. Es lo que permite saber qué contrato es rentable.
Sí, a hoja de cálculo, CSV, JSON y XML, y lo que se exporta es exactamente lo que se está viendo, con los mismos filtros y las mismas columnas.
El producto trae un catálogo amplio de informes con filtros y un cuadro de mando, pero no es una herramienta de inteligencia de negocio. Si necesitas un modelo propio, los datos se pueden llevar a tu herramienta por la API pública o por exportación.
Los informes de actividad sirven desde el primer mes. Los de fiabilidad necesitan histórico: hasta que no hay un ciclo completo de averías por equipo, el MTBF dice poco. Por eso conviene empezar a registrar bien antes de necesitar el dato.
Tráela a la demo. Vemos si hay informe que la responda y, sobre todo, qué habría que registrar para que la respuesta valiera algo.
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