Factores para elegir un software de incidencias
Cómo se decide un GMAO de mantenimiento e incidencias: hasta dónde quieres gestionar, quién lo va a usar, qué se adapta y qué hay que probar antes de firmar.
Actualizado el 6 min de lectura
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Elegir un software de mantenimiento e incidencias no suele ser sencillo, y no por falta de opciones. Los programas buenos no son baratos, no todos son fáciles de usar y todos exigen un tiempo de adaptación: del personal que va a trabajar con ellos y de la propia configuración, para que haga lo que la empresa necesita y no lo que traía de serie.
Cambiar de GMAO una vez está en uso es complicado desde casi todos los puntos de vista. Por eso merece la pena invertir tiempo antes, y hacerlo en este orden.
Primero: hasta dónde quieres gestionar
Es la decisión que condiciona todas las demás, y la que más veces se salta.
Cada departamento de una empresa es un mundo y funciona a su manera, así que lo primero es acotar el alcance. ¿Quieres solo el registro de lo que hacen los técnicos, con sus informes? ¿O quieres que el sistema interactúe con otros departamentos, de modo que ciertos trámites lleguen solos a quien corresponde —compras, administración, contabilidad— sin pasar por el encargado?
No es una pregunta retórica. Un sistema acotado al trabajo técnico se implanta en semanas. Uno que atraviesa varios departamentos exige acuerdos previos sobre quién hace qué, y esos acuerdos tardan más que el software.
Segundo: cómo entran las incidencias
Si el objeto es gestionar incidencias, el punto crítico es la entrada, porque es donde se pierde la información. Un aviso por WhatsApp a un técnico, otro por teléfono al jefe de equipo y otro por correo a administración son tres trabajos que nadie puede contar juntos.
Lo que hay que mirar: cuántas vías de entrada admite y si todas acaban en el mismo sitio. En GMAO CLOUD una incidencia puede nacer desde el backend, desde el acceso del cliente con su descripción y su foto, o desde un buzón de correo que el sistema vacía y convierte en incidencias automáticamente.
Y mirar también qué lleva asociado: tipo y subtipo, prioridad, cliente, dirección, equipo afectado, quién la tramita. Cada estado puede tener su tiempo máximo, lo que permite ver lo que se ha pasado de plazo en lugar de intuirlo.
Tercero: quién lo va a usar de verdad
Un error clásico es evaluar el software con la gente que lo va a comprar y no con la que lo va a usar. La decisión la toma quien planifica; los datos los introduce quien está en campo.
Si la app es incómoda o exige cobertura, el registro se aplaza al final del día y las horas se apuntan de memoria, siempre a la baja. Conviene enseñar la app de técnicos a un técnico y ver su cara: si puede arrancar el cronómetro en la propia orden, consumir material, cumplimentar el checklist y recoger la firma sin salir de ella, y si todo eso funciona sin conexión, el sistema se va a alimentar solo.
Cuarto: analiza los formularios, no las funciones
Esto es un consejo concreto que ahorra disgustos. En la demo, pide ver los formularios reales: la orden de trabajo, el pedido de compra, los listados, los filtros.
Ahí es donde se ve si el sistema encaja con tu forma de trabajar o vas a estar peleándote con él. Un programa que obliga a rellenar seis campos que a ti no te sirven, en cada parte, multiplica ese roce por todas las órdenes del año.
Quinto: pregunta qué se puede adaptar
Ningún software se diseñó específicamente para ti, así que lo importante es saber hasta dónde se puede ajustar sin convertirlo en un desarrollo a medida imposible de mantener.
Las preguntas útiles: ¿se pueden añadir campos propios a la ficha del activo, con su tipo y su unidad, porque los datos que describen una caldera no son los que describen un ascensor? ¿Se pueden definir los estados por los que pasa una incidencia y una orden, con sus avisos asociados? ¿Los checklists se pueden definir por familia de equipos y afinar solo donde haga falta, o hay que configurarlos uno a uno?
Es preferible un sistema que no sea perfecto pero se adapte, a uno que encaje hoy y no se pueda mover mañana.
Sexto: el coste completo
El precio de licencia es una parte. Conviene sumar lo demás: si se paga por usuario —y entonces hacer la cuenta con la plantilla de dentro de tres años y con los clientes dados de alta, no con la de hoy—, si hace falta servidor propio con sus copias y su mantenimiento, qué incluye el acompañamiento y qué se factura aparte.
En GMAO CLOUD las licencias son ilimitadas en los tres planes y no hay infraestructura que mantener, que son las dos partidas que más se subestiman al comparar.
Séptimo: prueba antes de comprar
Busca un proveedor que te deje probar una versión de demostración antes de decidir. Pero pruébala bien, que es la parte que casi nadie hace: con tus propios activos, tus gamas de comprobación y tus periodicidades, no con el juego de datos de ejemplo del proveedor.
En media hora sobre datos reales se ve lo que no se ve en dos horas de presentación. Y que la prueben también el técnico y quien atiende el teléfono, porque son los dos perfiles que más van a usarlo.
Octavo: qué pasa el día que crezcas
Los sistemas se eligen para la empresa que se tiene y se usan en la empresa en la que uno se convierte. Dos preguntas cubren casi todo ese riesgo.
¿Qué pasa si aparece una segunda sede, o una segunda empresa del grupo? Hay sistemas que lo resuelven con una instalación nueva, lo cual significa que nunca vas a ver el conjunto. Conviene saberlo antes de necesitarlo.
¿Qué pasa con las versiones antiguas? Un cambio de versión mayor puede dejar sin soporte a quien se queda en la anterior: el sistema sigue funcionando pero no recibe mejoras ni correcciones, y salir de ahí exige una migración que nadie había presupuestado. Pregunta directamente qué ocurrió la última vez y quién asumió la migración. La respuesta describe al proveedor mejor que su catálogo.
Lo que no hay que esperar
Un GMAO no arregla un proceso que no existe. Si hoy nadie decide quién atiende qué ni con qué prioridad, el software registrará el mismo desorden con más precisión. Tampoco decide cada cuánto hay que revisar un equipo: eso lo pone el criterio técnico, la norma o el fabricante.
Y ninguno garantiza el cumplimiento de una normativa. Lo que hace es dejar la prueba de lo que se hizo, con su fecha y su autor.
Si quieres hacer esa prueba sobre tus propios datos, puedes solicitar una demo.