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GMAO CLOUD

La gestión documental en un programa GMAO

Qué documentación maneja un departamento de mantenimiento, por qué se pierde y cómo se ordena dentro de un GMAO para que sirva como trazabilidad y como prueba.

Actualizado el 6 min de lectura

  • Gestión documental
  • Trazabilidad
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En casi todos los departamentos de mantenimiento la documentación existe, pero no está controlada por el propio departamento. Una parte está en el archivo general de la empresa —a veces en otro centro de trabajo—, otra parte en papel dentro de un armario, otra en carpetas compartidas con tres versiones del mismo fichero, y otra buena parte no está escrita en ningún sitio: vive en la cabeza de los operarios y se transmite de uno a otro.

El resultado es conocido. Cada consulta cuesta un desplazamiento o una llamada, la documentación de máquinas que ya no existen sigue ocupando sitio, y la de la máquina que sí existe no aparece o es incorrecta —algo muy habitual cuando el equipo se compró de segunda mano a una empresa que cerró y nadie entregó su documentación técnica—.

Los dos tipos de documentación de mantenimiento

Conviene separarlos porque tienen problemas distintos y se resuelven de forma distinta.

Documentación técnica. Es la que describe las instalaciones, máquinas, sistemas y servicios: manuales, planos, esquemas, fichas del fabricante, certificados, características y frecuencias recomendadas de mantenimiento. Responde a «cómo es esto y cada cuánto hay que atenderlo». Es la peor controlada, la que más veces está solo en papel y la que más se pierde cuando alguien se jubila.

Documentación de gestión. Se divide a su vez en dos. La de gestión del mantenimiento son los partes de trabajo, inventarios y registros de incidencias: se rellenan, se entregan y a los pocos días se archivan definitivamente, con lo cual no se conserva un control real de averías. La económica es el gasto, y es casi siempre la única que está completamente documentada e informatizada, porque mantenimiento se mira como un coste y los costes se vigilan.

Esa asimetría explica bastante: sabemos cuánto nos hemos gastado y no sabemos en qué estado está la máquina.

Por qué sin documentación no hay trazabilidad

Reconstruir la historia de un equipo —y no digamos de un componente concreto dentro de ese equipo— es prácticamente imposible cuando todo se ha gestionado en papel y lo antiguo se ha archivado para no acumular. Sin esa historia no se puede saber en qué estado está la máquina ni cómo ha evolucionado con los años, y por tanto no se puede ir más allá de un preventivo genérico: no hay datos fiables sobre los que decidir nada mejor.

La trazabilidad no es un requisito burocrático. Es lo que permite responder si esta máquina se repara otra vez o se sustituye, si la periodicidad de su revisión está bien puesta, y si el fallo de hoy ya había avisado antes.

Cómo se ordena dentro de un GMAO

La diferencia entre un gestor documental genérico y el de un GMAO es dónde cuelga el documento. En un disco compartido, un manual está en una carpeta; en GMAO CLOUD está colgado del activo, y aparece cuando alguien abre ese activo.

Los documentos pueden asociarse a casi cualquier entidad del sistema: cliente, proveedor, dirección, máquina, sistema, incidencia, presupuesto, orden de trabajo, modelo de máquina, familia, vehículo, técnico, pedido, proyecto, mantenimiento, herramienta y equipos de protección individual. Esa lista importa porque es lo que evita la pregunta de siempre —¿dónde guardo esto?—: se guarda donde se va a buscar.

Cada documento lleva además su visibilidad: si lo ve el cliente, si lo ve el técnico, si lo ve el proveedor, si requiere validación. Así se deja de decidir a mano qué se enseña cada vez que alguien pide algo, y un proveedor que deja de trabajar contigo pierde el acceso sin que haya que mover ningún fichero.

Los certificados tienen tratamiento propio, con su número, su alcance, su emisor, su titular y su huella, porque un certificado no es un PDF cualquiera: es la prueba de que algo se hizo conforme a algo.

La caducidad, que es lo que más se agradece

Hay documentación que no vale para siempre: certificados de revisión oficial, contratos, seguros, autorizaciones, fichas de gestión de residuos, homologaciones. En GMAO CLOUD un documento puede llevar fecha de caducidad, y hay una revisión diaria de lo que está a punto de vencer que genera el aviso correspondiente.

Lo mismo se aplica a los equipos de protección individual del personal, que también caducan y cuya renovación se suele descubrir tarde.

Esto convierte la gestión documental en algo activo. La diferencia entre tener el certificado guardado y que el sistema te avise un mes antes de que expire es la diferencia entre estar al día y enterarte durante una inspección.

Dónde se consulta

El sitio donde hace falta la documentación técnica no es la oficina: es delante de la máquina. En la app de técnicos el operario tiene el histórico del equipo y su documentación asociada sin llamar a nadie, y la app guarda esos documentos en el dispositivo, de modo que siguen estando disponibles en un sótano sin cobertura.

Por el otro lado, el acceso de clientes permite que el cliente se descargue él mismo el parte de cada intervención y suba los documentos que quiera adjuntar, en lugar de pedirlos por teléfono.

El histórico como prueba

Hay un uso de la documentación que solo se aprecia el día que hace falta: la defensa. Ante una reclamación de un cliente, un siniestro o una inspección, lo que se pide no es una explicación, es un registro.

Un registro válido tiene fecha, autor, qué se comprobó y, cuando procede, quién lo firmó. Eso no se puede fabricar después. En un GMAO sale solo del circuito normal de trabajo: la orden cerrada con sus tiempos, su material, sus fotos y su checklist cumplimentado, más la documentación asociada al activo con sus fechas.

Sobre eso se apoya el mantenimiento legal, que en GMAO CLOUD no es un módulo aparte: se hace con el mecanismo de preventivo, asociando al activo, a su modelo o a su familia la gama de comprobación que marca la norma y definiendo la periodicidad. Conviene decirlo con precisión: el software registra y demuestra; quien cumple la norma es la empresa.

Qué hacer con lo que ya está en papel

La migración es la parte que frena a mucha gente, y casi siempre por plantearla al revés. Digitalizar veinte años de archivo antes de empezar es un proyecto que no termina nunca.

Lo que funciona es al revés: se empieza por la documentación de los activos críticos —los que paran la producción o el servicio— y por lo que tiene caducidad, que es lo que genera riesgo real. El resto se va incorporando según se necesita: la primera vez que alguien busca un manual y no está, se escanea y se cuelga del activo. Al cabo de unos meses, lo que se consulta está digitalizado y lo que no se consulta nunca sigue en el armario, que es exactamente donde debe estar.

Si quieres ver cómo quedaría la documentación de tus equipos organizada así, puedes solicitar una demo.

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