Saltar al contenido
GMAO CLOUD

10 consejos para un jefe de mantenimiento

Diez prácticas de un buen responsable de mantenimiento: priorizar, planificar contra la realidad, medir lo que importa y documentar lo que solo sabe uno.

Actualizado el 6 min de lectura

  • Gestión del mantenimiento
  • Equipos
  • Indicadores

Un jefe de mantenimiento pasa el día resolviendo urgencias, y ese es exactamente el problema: mientras el día se llena de correctivo, no queda tiempo para lo que evitaría el correctivo del mes que viene. Estos diez puntos van de romper ese ciclo.

1. Decide qué es crítico antes de que lo decida una avería

No todos los equipos merecen la misma atención. Criticar bien el parque —qué para la producción o el servicio si falla, qué tiene riesgo para las personas, qué tiene obligación normativa— es la decisión que más rendimiento da, porque determina dónde va el esfuerzo.

Es también la única forma de defender un plan ante dirección: no «hay que revisar todo», sino «estos veinte equipos son los que nos pueden parar».

2. Que el preventivo sea una orden, no una intención

Una tarea que solo vive en un calendario no se cae con ruido: se cae en silencio. Lo que la sostiene es que sea una orden de trabajo con responsable y fecha.

En un sistema de gestión eso se configura una vez: la gama de comprobaciones asociada al activo, a su modelo o a una familia entera, y su periodicidad. A partir de ahí el preventivo se genera solo.

3. Planifica contra la disponibilidad real

Programar una revisión para un día festivo o para alguien que está de vacaciones no es planificar: es fabricar un retraso con antelación. Antes de generar la orden hay que comprobar el calendario laboral y la disponibilidad del técnico.

Y hay que mirar la carga, no solo las fechas. El calendario con la planificación en diagrama es lo que evita el patrón de siempre: media plantilla desbordada y la otra media esperando.

4. Mide los tiempos, no los recuerdes

Las horas apuntadas de memoria al final del día siempre salen a la baja. Con ellas no se puede calcular el coste de una intervención ni saber si un contrato es rentable.

El cronómetro dentro de la propia orden, en la app del técnico, es un cambio pequeño con consecuencias grandes: por primera vez se sabe cuánto cuestan las cosas de verdad.

5. Saca el conocimiento de la cabeza de la gente

En casi todos los departamentos hay dos personas que saben cómo se atiende cada equipo. Cuando una se va, se va con ella una parte de la operación.

Los checklists son la forma práctica de escribirlo: qué hay que comprobar, en qué orden y con qué valores de referencia. Definidos por familia de equipos y afinados solo donde haga falta, no son un proyecto documental: son una tarde.

6. Registra valores, no casillas

Un checklist de casillas dice si se miró. Uno con valores dice qué se vio. La diferencia aparece meses después, cuando se quiere saber si un equipo venía avisando antes de fallar.

Si los campos admiten mínimo y máximo, una lectura fuera de rango queda registrada como anomalía en el momento, y no como un comentario al margen que nadie va a releer.

7. Cierra el círculo de las anomalías

Es el punto donde mueren la mayoría de los sistemas. Un técnico detecta algo, lo registra, y no pasa nada. A la tercera vez deja de registrarlo, y con razón.

Una anomalía tiene que convertirse en una incidencia con su prioridad y su responsable, o en una decisión explícita de no hacer nada. Las dos salidas valen; el silencio no.

8. Controla el material antes de necesitarlo

Una revisión que no se puede hacer porque falta la pieza es una revisión no hecha, y además con desplazamiento pagado. El almacén con stocks mínimos por artículo avisa antes; los lotes con fecha de caducidad evitan la otra sorpresa.

La clave es que el consumo se registre al cerrar la orden, no en un apunte posterior. Si no, el stock del sistema y el real serán siempre dos cosas distintas.

9. Mide cuatro indicadores, no veinte

Un cuadro de mando con treinta cifras no se mira. Cuatro sí:

  • Proporción de horas de preventivo frente a correctivo. Describe mejor que nada si la operación es proactiva o reactiva.
  • Tiempo medio entre fallos (MTBF) por equipo crítico: mide fiabilidad.
  • Tiempo medio de reparación (MTTR): mide capacidad de respuesta.
  • Coste acumulado por activo: es el que permite decidir si una máquina se repara otra vez o se sustituye.

Todos salen de los informes, y todos dependen de que alguien registrara los datos cuando ocurrieron.

10. Haz que el equipo quiera usar el sistema

Esta es la que decide si las otras nueve ocurren. El sistema lo alimenta el técnico, y lo va a alimentar si le ahorra trabajo, no si se lo añade.

Lo que funciona: que tenga el histórico del equipo y su documentación en el móvil sin llamar a la oficina, que pueda ordenar sus órdenes por ruta para no cruzar la ciudad dos veces, que no tenga que repetir datos y que todo funcione sin cobertura, porque el mantenimiento ocurre en sótanos y cuartos de máquinas.

Y lo que no funciona: pedirle que rellene campos que no sirven para nada, o pedirle que registre cosas que después nadie mira.

Lo que conviene revisar cada trimestre

Los diez puntos anteriores describen cómo trabajar. Este describe cuándo pararse a mirar si está funcionando, que es la parte que siempre se aplaza.

Una revisión trimestral de una hora, con los informes delante, contesta cuatro preguntas: qué porcentaje del plan anual de preventivo se ha ejecutado de verdad, qué equipos concentran las anomalías, qué periodicidades habría que subir o bajar, y qué activos han acumulado un coste que ya no justifica seguir reparándolos.

De esa hora salen decisiones que valen más que semanas de trabajo operativo, y es lo primero que desaparece de la agenda cuando el día se llena de urgencias. Ponerla en el calendario como una orden más, con su periodicidad, es un truco tonto que funciona.

Un apunte sobre lo obligatorio

Si tienes equipos sujetos a norma, cuidado con una confusión habitual: no hace falta un módulo especial. El mantenimiento legal se hace con el mismo mecanismo de preventivo, con la gama que marca la norma y su periodicidad, y la prueba sale del histórico, los checklists y la documentación con sus fechas de caducidad.

Lo que ningún software puede hacer por ti es cumplir la norma. Solo puede demostrar que la cumpliste.

Si quieres ver cómo se monta todo esto sobre tu parque real, puedes solicitar una demo.

← Todos los artículos