Mantenimiento correctivo: cómo se gestiona
Qué es el mantenimiento correctivo, por qué no hay que eliminarlo sino acotarlo, y cómo se gestiona una avería desde el aviso hasta el cierre con datos.
Actualizado el 6 min de lectura
- Mantenimiento correctivo
- Incidencias
- Órdenes de trabajo
El mantenimiento correctivo es el que se hace cuando algo ya ha fallado. Tiene mala fama y no siempre la merece: para equipos baratos, redundantes o cuyo fallo no tiene consecuencia, es la estrategia correcta. Revisar preventivamente una bombilla sale más caro que cambiarla cuando se funde.
El problema no es tener correctivo. Es que sea lo único que hay, y que cuando ocurre no quede registrado.
Los dos tipos, que no se gestionan igual
Correctivo programado. El fallo está detectado pero no obliga a parar: una anomalía vista durante una revisión, un componente que funciona peor. Se planifica, se pide el material y se hace cuando conviene.
Correctivo urgente. El equipo está parado y hay que ir ahora. Es el caro: desplazamiento inmediato, repuesto sin plazo, trabajo con prisa y, a menudo, otro trabajo que se queda sin hacer.
La proporción entre los dos dice bastante de una operación. Si casi todo es urgente, el plan preventivo no está detectando nada.
El circuito, paso a paso
1. El aviso entra por un sitio. Una incidencia con su tipo y subtipo, su prioridad, el cliente, la dirección y el equipo afectado. Puede llegar desde el backend, desde el acceso del cliente con descripción y foto, o desde un buzón de correo que el sistema convierte en avisos.
Mientras haya tres canales paralelos, no hay lista fiable de pendientes.
2. Se prioriza con criterio, no por quien grita más. Los estados pueden llevar asociado su tiempo máximo, y existe una entidad de SLA con su prioridad y su límite. Así lo vencido aparece en una lista en vez de descubrirse cuando el cliente reclama.
3. Se convierte en orden. De la incidencia sale la orden de trabajo arrastrando cliente, dirección y equipo, con su técnico y su fecha. La orden guarda su origen, así que siempre se puede volver desde el trabajo hasta el aviso que lo provocó.
4. El técnico llega con contexto. En la app tiene el histórico del equipo, su documentación y las anomalías que quedaron abiertas. Muchas averías son repeticiones de algo ya visto, y saberlo antes de empezar es la diferencia entre resolver y volver a parchear.
5. Se registra lo que pasó. Tiempo con cronómetro dentro de la orden, material consumido contra el almacén, fotos, causa de la parada y firma. Todo funciona sin cobertura y sincroniza después.
6. Se cierra o se deja abierto explícitamente. La orden puede marcarse como pendiente de material y como necesita volver. Sin esos estados, esos trabajos viven en una libreta y el cliente se acuerda antes que nosotros.
Los datos que hay que capturar sí o sí
Si de una avería solo queda «se arregló», no sirve para nada después. Lo mínimo es esto:
La causa del paro, que es un campo propio de la orden y lo que permite después analizar por qué algo se repite.
El tiempo real, medido. La orden guarda el tiempo objetivo, el estimado y la desviación, que es lo que revela qué tipo de trabajo se presupuesta mal.
El material, con su lote cuando lo tiene.
Si era garantía. La ficha del activo lleva su fin de garantía y la orden puede marcarse como trabajo cubierto. Pagar reparaciones de equipos en garantía es un coste silencioso y evitable.
Cómo se reduce el correctivo urgente
No revisando más, que es la respuesta intuitiva y la equivocada. Se reduce por tres vías.
Detectando antes. Un checklist con valor mínimo y máximo convierte una revisión en una medición: una lectura fuera de rango queda registrada como anomalía en el momento, y esa anomalía se convierte en correctivo programado en lugar de en avería urgente tres meses después.
Ajustando la periodicidad con el histórico. Si un equipo avería entre revisiones, la frecuencia está mal puesta. Y si lleva varios ciclos sin una sola anomalía, probablemente sobra una visita. Las dos cosas cuestan dinero y solo se distinguen con datos.
Cambiando el disparador cuando toca. Si el desgaste depende del uso y no del tiempo, el activo puede llevar un contador con un límite y un porcentaje de aviso, de modo que la orden preventiva se genere automáticamente al superar el umbral.
Cuándo dejar de reparar
La pregunta más cara del mantenimiento correctivo, y la que casi siempre se contesta por intuición.
Con el coste acumulado por activo delante —horas más material, durante años— la conversación cambia. Los informes de coste por equipo, tiempos de parada, MTBF y MTTR son los que la sostienen.
Y hay un automatismo pensado para eso: sobre un activo se puede registrar su coste de reposición y un porcentaje de aviso, y el sistema notifica cuando el gasto acumulado en repararlo lo supera. No genera una orden —sustituir un equipo es una decisión de negocio—, pero pone la cifra delante cuando toca mirarla.
Los indicadores
MTTR, tiempo medio de reparación: mide la capacidad de respuesta.
MTBF, tiempo medio entre fallos: mide la fiabilidad. Son dos cosas distintas, y se puede reparar muy rápido algo que falla demasiado.
Tiempo de parada acumulado por equipo, que traduce lo anterior a producción o servicio perdido.
Proporción de horas de correctivo frente a preventivo, que es el que mejor describe si la operación va a remolque. Tarda meses en moverse, y por eso es honesto.
El material, que es la mitad de la urgencia
Buena parte de lo que convierte una avería en un problema no es la reparación: es que falte la pieza. La visita se queda a medias, hay que volver y el equipo sigue parado mientras llega el repuesto.
Tres cosas lo reducen. El stock mínimo por artículo en almacenes y artículos, que avisa antes de quedarse sin lo que para un trabajo. Dar de alta la furgoneta de cada técnico como almacén, porque es donde de verdad está el material que viaja. Y la referencia original del artículo, que es lo que permite encontrar el equivalente de otro fabricante cuando el original tiene semanas de plazo.
La lista de qué merece la pena tener en stock sale del histórico de averías al cabo de unos meses, no de una estimación inicial.
Lo que no hay que hacer
Eliminar el correctivo del plan. No se puede y no conviene: hay fallos súbitos que no avisan y equipos donde reparar es más barato que prevenir.
Gestionarlo fuera del sistema. Si las urgencias se resuelven por teléfono y no quedan registradas, el histórico tiene agujeros justo donde están las intervenciones más caras.
Medir al técnico por el MTTR. Es un indicador de proceso, no de persona. En cuanto se usa para evaluar, los tiempos registrados dejan de ser reales.
Hay más detalle de producto en la página de mantenimiento correctivo. Si quieres verlo sobre tu operación, puedes solicitar una demo.