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Organizar las tareas de mantenimiento

Cómo ordenar el trabajo de un equipo de mantenimiento: qué entra en la lista, cómo se prioriza, quién lo toma y qué hacer con lo que nunca se hace.

Actualizado el 6 min de lectura

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El problema de la gestión de tareas en mantenimiento no suele ser la herramienta: es que hay tres listas distintas y ninguna está completa. Una en la cabeza del responsable, otra en los mensajes del móvil y otra en un cuaderno.

Con tres listas no se puede priorizar, ni repartir, ni saber qué se ha quedado atrás. Esto va de cómo llegar a una sola.

Qué entra en la lista

Todo el trabajo, venga de donde venga, y conviene que el sistema distinga el origen porque después se analiza por separado.

Lo que alguien pide, como incidencia con su tipo, su prioridad, el cliente, la dirección y el equipo afectado. Entra desde el backend, desde el acceso del cliente con foto o desde un buzón de correo que el sistema convierte en avisos.

Lo que toca, generado por el preventivo a partir de la periodicidad o del umbral de un contador.

Lo que se encontró, que es el origen que más se pierde: las anomalías detectadas durante una revisión, que tienen que convertirse en tarea o en una decisión explícita de no hacer nada.

Lo que no debería entrar como tarea de mantenimiento: recados, gestiones administrativas, acompañar a un proveedor. No es que no haya que hacerlos, es que si entran como preventivo ensucian todos los indicadores.

Cómo se prioriza

Por consecuencia, no por quién insiste más.

Los activos llevan su prioridad o criticidad, y las incidencias la suya. Y los estados pueden llevar asociado su tiempo máximo, con una entidad de SLA que define prioridad y límite.

El efecto práctico es que lo vencido aparece en una lista en vez de descubrirse cuando alguien reclama. Y que se distingue lo urgente de lo ruidoso, que no es lo mismo aunque todo llegue marcado igual.

Si todo es prioridad alta, la prioridad no sirve. Acordar qué entra en cada nivel es una conversación de media hora que se paga sola.

Quién la toma

Dos vías, y conviene tener las dos.

Reparto desde la planificación. El calendario muestra la carga por técnico a lo largo de las semanas y permite mover el trabajo arrastrándolo. Lo más útil de esa pantalla es lo que no tiene dueño, que se puede distinguir por color, porque es exactamente lo que se va a caer.

El técnico la coge. Desde la app puede ver las órdenes sin asignar y tomarlas, porque sabe si le pilla de camino y si lleva el material. Y puede ordenar las suyas por ruta con el GPS.

Vigila el efecto secundario de la segunda vía: con la cola abierta, la gente tiende a coger lo fácil y queda un poso de tareas difíciles que nadie toma. Se corrige con prioridades y plazos reales, no cerrando la cola.

Qué hacer con lo que nunca se hace

Toda lista acumula un fondo de tareas que llevan meses. Ignorarlo tiene un coste: contamina la lista entera y hace que nadie se fíe de ella.

Revisarlo una vez al mes y decidir, tarea por tarea, una de tres cosas:

Se hace, con fecha y responsable asignados de verdad.

Se descarta, con su motivo. No pasa nada por descartar; lo que hace daño es dejarlo ahí.

Se convierte en plan. Si es algo que se repite, deja de ser una tarea suelta y pasa a ser preventivo con su periodicidad.

Lo que hace que la lista sea fiable

Que se cierre con datos. Una tarea cerrada con «hecho» no permite saber después cuánto costó ni qué se encontró. Tiempo medido con cronómetro, material consumido y checklist cuando lo haya.

Que lo aplazado quede como aplazado. Si una visita no se pudo hacer, la orden se deja abierta con su motivo —pendiente de material o necesita volver— y se reprograma. Cerrarla como hecha para que el plan aparezca cumplido arruina el dato: el porcentaje dirá 100 % y el correctivo no bajará.

Que reprogramar sea barato. Si actualizar la lista cuesta más que ignorarla, se ignora, y el sistema pasa a describir una semana que no ocurrió.

Agrupar por zona cuando se pueda

Un criterio de reparto que ahorra más de lo que parece y que choca con el instinto: cuando hay varias tareas no críticas repartidas, conviene agruparlas por zona aunque eso retrase alguna unos días.

Tres visitas menores a la misma área hechas en una salida cuestan mucho menos que tres salidas. Para poder hacerlo hace falta ver a la vez qué hay pendiente y dónde está, que es lo que da cruzar el calendario con la ubicación registrada en la ficha de cada activo.

El límite es claro: lo que tiene plazo comprometido o riesgo no se agrupa. Por eso las prioridades y los tiempos máximos tienen que estar bien puestos, porque son los que marcan qué puede esperar.

Los avisos, calibrados

El sistema de notificaciones avisa al técnico de lo que se le asigna, y los cambios de estado pueden llevar su correo asociado.

Igual de importante: se puede marcar qué estados no deben notificar. Avisar de cada movimiento convierte los avisos en ruido y la gente deja de leerlos, y entonces los importantes tampoco llegan.

Preparar la semana, que cuesta media hora

Un hábito que ahorra varias horas y que casi nadie tiene: revisar el viernes lo que hay previsto para la semana siguiente.

El material. Si las órdenes programadas necesitan repuesto y está disponible. El stock mínimo en almacenes y artículos avisa antes, pero conviene mirarlo: una visita que se queda a medias por falta de una pieza se paga dos veces.

Las anomalías abiertas. Si un equipo que toca revisar tiene algo pendiente de la última visita, la tarea tiene dos objetivos y necesita más tiempo del estimado.

Los accesos. Qué centros necesitan aviso previo, y si el cliente lo sabe. Si tiene su acceso, ve sus próximos preventivos y se organiza solo.

Es la diferencia entre una semana que se ejecuta y una que se reorganiza el martes.

Cómo saber si está funcionando

Tres cifras de los informes: las órdenes sin asignar acumuladas —si crecen, el reparto no funciona—, el porcentaje de plan ejecutado y las horas por técnico, para ver si el reparto es real o solo lo parece.

Y una advertencia sobre el uso de la tercera: las horas por técnico sirven para dimensionar y repartir carga, no para evaluar a nadie. Un equipo que percibe que la lista existe para controlarle empieza a registrar tarde y a redondear tiempos, y entonces ninguna de las tres cifras significa nada.

Si quieres ver cómo quedaría con tu equipo, puedes solicitar una demo.

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