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Guía

Los tipos de mantenimiento, sin líos de nomenclatura

La clasificación varía según el manual que leas y según quién te la cuente. Esta es la que se usa en la práctica en España, con lo que significa cada término cuando lo dice alguien del sector.

El criterio que ordena la clasificación

Todas las clasificaciones del mantenimiento responden a la misma pregunta: qué dispara la intervención. Si la dispara el calendario o el uso, es preventivo. Si la dispara un fallo que ya ha ocurrido, es correctivo. Si la dispara una medición que indica que el fallo se acerca, es predictivo o basado en condición. Y si la dispara una norma, es mantenimiento legal, aunque en la práctica se ejecute como un preventivo. Entender ese criterio evita la mayoría de las discusiones terminológicas, que suelen ser sobre nombres y no sobre cosas distintas.

Los tipos, uno a uno

Con lo que significan de verdad cuando alguien los usa en una reunión.

  • Preventivo

    Se hace antes del fallo, según un plan por tiempo o por uso. Sustituir un filtro cada tres meses o engrasar cada 500 horas. Es el más extendido y el que más se incumple.

  • Correctivo

    Se hace cuando algo ya ha fallado. Puede ser urgente —hay que restablecer el servicio ya— o programado, cuando el fallo no impide seguir funcionando.

  • Predictivo y basado en condición

    Se dispara por una medición: vibración, temperatura, análisis de aceite, consumo. Anticipa el fallo en vez de esperarlo o de prevenirlo por calendario.

  • Legal o normativo

    Lo impone un reglamento, con su periodicidad y su alcance. Se ejecuta como un preventivo, pero la fecha no es negociable y hay que conservar la prueba.

  • Conductivo

    La conducción diaria de una instalación: lecturas, rondas, pequeños ajustes. En edificios y plantas con personal fijo es una categoría propia y con mucho volumen.

  • Modificativo o de mejora

    No repara ni previene: cambia la instalación para que funcione mejor o para adaptarla a un uso nuevo. Suele gestionarse como proyecto u obra.

No se elige uno: conviven

Una instalación real tiene los cinco primeros a la vez, y la pregunta útil no es cuál usar sino en qué proporción. Un equipo barato, redundante y fácil de sustituir puede no merecer preventivo ninguno: se deja fallar y se cambia, y eso es una decisión legítima que se llama mantenimiento hasta el fallo. Un equipo crítico y caro justifica preventivo intensivo y, si el coste de la parada lo soporta, instrumentación para anticipar. Entre esos dos extremos está casi todo, y la única forma de situar cada activo es conocer lo que cuesta que se pare y con qué frecuencia falla de verdad.

Sobre el predictivo, una advertencia

Es el que más se vende y el que menos se implanta bien, porque tiene un requisito previo que casi nadie menciona: para detectar un patrón hace falta histórico, y para tener histórico hace falta llevar tiempo registrando bien las averías que ya ocurren. Instrumentar equipos en una planta que cierra los partes con «revisado y funcionando» produce un cuadro de mando muy bonito alimentado con datos en los que nadie confía. El orden que funciona es registrar el correctivo con su causa, ordenar el preventivo sobre ese histórico, y solo entonces plantearse si algún equipo crítico justifica sensores.

No todo el correctivo es una urgencia

La distinción que más falta hace en la práctica no está entre preventivo y correctivo, sino dentro del correctivo. Una cosa es el fallo que para la producción y hay que atender ahora, y otra muy distinta el desperfecto que alguien detecta, anota y se repara cuando conviene: una puerta que roza, una fuga pequeña, un piloto fundido. Los dos son correctivo, porque los dos corrigen algo que ya falló, pero se planifican de forma opuesta y cuestan cantidades muy distintas. Separarlos tiene además una consecuencia útil en los informes: una empresa donde el noventa por ciento del correctivo es urgente tiene un problema; una donde la mayoría es diferido y se agrupa en visitas programadas tiene un mantenimiento que funciona, aunque las dos tengan el mismo número de correctivos.

De la teoría a un campo en la orden

Toda esta clasificación solo sirve para algo si acaba siendo un dato en cada orden de trabajo, y es donde más se falla. Si el tipo se rellena a ojo, o si la mitad de las órdenes salen sin tipo porque el campo es opcional, los informes que se construyen encima no significan nada, y lo peor es que nadie se da cuenta: el gráfico se pinta igual. Dos reglas evitan la mayoría del problema. La primera es que el tipo venga puesto de origen siempre que se pueda —una orden generada por un plan preventivo nace siendo preventivo, y no hay que preguntárselo a nadie—. La segunda es tener pocas categorías: cuatro o cinco que todo el mundo entienda igual valen infinitamente más que doce matizadas que cada persona interpreta a su manera.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos tipos conviene usar en la práctica?

Menos de los que aparecen en la teoría. Cuatro o cinco categorías que todo el mundo entiende igual dan informes fiables; una docena de matices que cada persona interpreta a su manera da informes que parecen precisos y no lo son. Siempre se puede afinar después, cuando el histórico ya demuestre que la distinción hace falta.

¿Cuántos tipos de mantenimiento hay?

Depende de la clasificación, pero en la práctica se manejan seis: preventivo, correctivo, predictivo o basado en condición, legal o normativo, conductivo y modificativo. Todos responden a la misma pregunta: qué dispara la intervención.

¿Qué diferencia hay entre predictivo y preventivo?

El preventivo se dispara por calendario o por uso acumulado; el predictivo, por una medición que indica que el fallo se acerca. El predictivo evita intervenciones innecesarias, pero exige instrumentación e histórico previo.

¿El mantenimiento legal es un tipo aparte?

Se ejecuta como un preventivo —plan, periodicidad y gama de comprobación— pero con dos diferencias: la periodicidad la fija una norma y no el criterio técnico, y hay que conservar la prueba documental.

¿Es malo tener mucho correctivo?

No necesariamente. Hay equipos baratos y redundantes donde dejar fallar y sustituir es la decisión correcta. Lo que sí es un problema es tener correctivo previsible: averías que un plan razonable habría evitado.

¿Por dónde empiezo si no tengo nada montado?

Por registrar el correctivo que ya ocurre, contra su equipo y con su causa. Con unos meses de ese histórico, el plan preventivo se diseña sobre lo que de verdad falla en tu instalación y no sobre el catálogo del fabricante.

¿Qué mezcla tienes tú?

En una demo corta miramos tus activos y vemos qué proporción te está saliendo, que casi nunca es la que se cree.