Saltar al contenido
GMAO CLOUD

Mantenimiento legal: cómo se demuestra

Cómo se organiza el mantenimiento obligatorio con un GMAO, qué constituye una prueba válida ante una inspección y por qué no hace falta un módulo específico.

Actualizado el 6 min de lectura

  • Mantenimiento legal
  • Trazabilidad
  • Checklists
  • Gestión documental

Hay una parte del mantenimiento que no decide la empresa: la marca una norma o el fabricante del equipo. Instalaciones eléctricas, protección contra incendios, ascensores, salas de calderas, instalaciones de agua, equipos a presión, gases fluorados.

La diferencia con el resto del mantenimiento no está en cómo se hace, sino en que hay que poder demostrarlo. Y ahí es donde un sistema aporta lo que una hoja de cálculo no puede.

Primero, una aclaración que ahorra tiempo

En GMAO CLOUD no hay un módulo de mantenimiento legal, y conviene decirlo antes de que alguien lo busque en el menú.

Se hace con el mecanismo general de mantenimiento preventivo: se asocia al activo, a su modelo o a toda una familia la gama de comprobación que exige la norma, se define la periodicidad que marca, y el sistema genera las órdenes de trabajo por su cuenta.

Sería más cómodo vender un módulo. Es más honesto explicar cómo se consigue, y además resulta más flexible: la misma mecánica sirve para lo que exige la norma, para lo que exige el fabricante y para lo que has decidido tú.

Conviene no confundirlo con el módulo de fugas de gases fluorados, que sí existe y es otra cosa: es correctivo, nace de una fuga detectada y registra su tratamiento. El mantenimiento periódico obligatorio de esas mismas instalaciones va por la vía del preventivo.

Qué es una prueba válida

Esta es la pregunta de fondo. Una prueba no es el recuerdo de que se hizo: es un registro con cuatro elementos.

Fecha. Cuándo se hizo, no cuándo se apuntó.

Autor. Quién lo hizo, identificado. Y aquí hay un detalle que rompe todo lo demás si falla: si varias personas comparten usuario, el registro deja de identificar a nadie. Es lo que pasa cuando el software se paga por licencia y dar de alta a alguien cuesta dinero. En GMAO CLOUD las licencias son ilimitadas en los tres planes, precisamente para que cada trabajo quede a nombre de quien lo hizo.

Qué se comprobó. No «revisión realizada», sino los puntos concretos y sus valores.

Firma, cuando el circuito la exige.

Los checklists, con valores

Un checklist de casillas dice que alguien miró. Uno con valor mínimo y máximo dice qué vio, y deja registrada como anomalía cualquier lectura fuera de rango en el momento en que se toma.

En una inspección o tras un siniestro, esa diferencia es exactamente lo que se pide. Los checklists se definen con sus campos y se resuelven en cascada —activo, modelo, subfamilia, familia—, así que la gama que exige la norma para un tipo de equipo se configura una vez y se aplica a todos los de ese tipo.

Y en las órdenes preventivas la app no deja cerrar hasta que el checklist está cumplimentado, que es justo la garantía que interesa.

Registrar donde ocurre

Un cuarto de calderas, un foso de ascensor o una sala técnica son sitios sin cobertura. Si el técnico apunta en papel y lo pasa por la tarde, los valores salen redondeados y la fecha del registro no es la de la comprobación.

La app guarda órdenes, activos y documentos en el propio dispositivo y encola cada acción hecha sin conexión, sincronizándolas al recuperar señal. Si una falla, queda marcada con su motivo en lugar de desaparecer.

La documentación, que es la otra mitad

El expediente no son solo las órdenes. Son los certificados de organismo de control, las actas de inspección, los protocolos del fabricante, los contratos de mantenimiento y los seguros.

El gestor documental los cuelga del activo, del edificio, del cliente, del proveedor o de la orden, decide quién los ve y les pone fecha de caducidad. Hay una comprobación diaria de lo que está a punto de vencer que dispara el aviso correspondiente.

Los certificados llevan además su número, su alcance, su emisor, su titular y su huella, porque un certificado no es un PDF cualquiera: es la prueba de que algo se hizo conforme a algo.

Ese aviso de caducidad es lo que evita el problema que no se arregla con dinero: una inspección que venció sin que nadie lo viera.

Las contratas

Buena parte del mantenimiento obligatorio lo ejecuta una empresa especializada. Si sus partes viven en su sistema, el titular tiene facturas pero no expediente.

Los proveedores se dan de alta y reciben las órdenes que les corresponden, con sus tiempos, su material, su documentación y su firma, de modo que todo queda en el mismo histórico. Y el informe de plan anual ejecutado contesta la pregunta incómoda: cuántas visitas estaban previstas y cuántas se hicieron.

Lo que ningún software puede hacer

Dicho sin rodeos, porque en este terreno se promete de más constantemente.

Ningún sistema garantiza el cumplimiento de una norma. No certifica, no asegura y no exime. Lo que hace es registrar y demostrar lo que se hizo, con su fecha y su autor. Quien cumple la norma es la empresa, y quien responde ante la inspección también.

Ningún sistema decide la periodicidad. La marca la norma, el fabricante o el criterio técnico. El software la ejecuta.

Ningún sistema sustituye al organismo de control donde la norma lo exige.

Desconfía de quien te venda lo contrario, aunque sea cómodo de oír.

El calendario de obligaciones

Un problema práctico que casi todas las empresas tienen y que no se resuelve con más voluntad: las obligaciones no están en un sitio, están repartidas entre varias cabezas y varios contratos.

La forma de ordenarlo es que cada obligación viva pegada a su activo. La gama de comprobación asociada al equipo, a su modelo o a su familia; la periodicidad que marca la norma; y el certificado correspondiente colgado de ese mismo activo con su fecha de caducidad.

A partir de ahí el calendario de obligaciones no hay que mantenerlo: sale solo. Las órdenes se generan cuando toca —comprobando antes si el día es festivo y si el técnico está disponible— y los vencimientos documentales avisan antes de cumplirse.

Es, de todo lo que hace un sistema en este terreno, lo que más tranquilidad da: deja de depender de que alguien se acuerde.

Qué mirar

Los informes que se usan aquí son tres: plan anual ejecutado, que es el que se enseña; anomalías, que dice si las comprobaciones están mirando donde hay que mirar; y el registro de órdenes, que es el índice del expediente.

Por dónde empezar

Por el inventario de obligaciones: qué equipos tienes sujetos a norma, qué exige cada una y con qué frecuencia. Ese trabajo no depende del software y es el que más tarda.

Con eso, cargar las gamas y las periodicidades es cuestión de días, y desde el primer mes el expediente se escribe solo. Hay más detalle en la página de mantenimiento legal.

Si quieres verlo con tus instalaciones, puedes solicitar una demo.

← Todos los artículos