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GMAO CLOUD

La orden de trabajo: qué lleva dentro

Qué campos tiene una orden de trabajo en un GMAO, por qué cada uno está ahí y qué se puede responder después gracias a ellos.

Actualizado el 5 min de lectura

  • Órdenes de trabajo
  • Trazabilidad
  • Costes

La orden de trabajo es la unidad sobre la que gira todo lo demás en un GMAO: de ella salen el coste, el histórico del equipo, los indicadores y la prueba de lo que se hizo. Por eso merece la pena mirar qué lleva dentro y por qué.

Casi todos los campos existen porque alguien se encontró con un problema que no podía resolver sin ellos.

De dónde nace

Una orden puede tener tres orígenes, y conviene que el sistema los distinga porque después se analizan por separado:

De una incidencia, cuando alguien ha avisado de algo. La orden guarda ese origen, así que siempre se puede volver desde el trabajo hecho hasta el aviso que lo provocó.

Del preventivo, generada automáticamente a partir de la periodicidad o al superarse el umbral de un contador.

De un presupuesto aceptado, que genera la orden sin que haya que reescribir nada.

Qué identifica el trabajo

Cliente, dirección, sistema y máquina afectada. Más el proyecto o la obra, si el trabajo pertenece a uno.

Que el activo esté enlazado no es un detalle administrativo: es lo que hace que esta orden pase a formar parte del histórico de ese equipo concreto y no de una lista general. Sin ese enlace, dentro de dos años no se podrá responder cuánto ha costado mantener esa máquina.

Los tiempos

Tres campos que parecen redundantes y no lo son:

Tiempo objetivo, el que debería llevar según el modelo de parte. Tiempo estimado, el que se previó al planificar. Desviación, la diferencia con el real.

El tiempo real se mide con cronómetro dentro de la propia orden desde la app, no se estima al final del día. Las horas recordadas salen siempre a la baja.

La desviación es el campo que más información da a medio plazo: cuando un tipo de trabajo se desvía sistemáticamente, casi siempre es que se está presupuestando por debajo de lo que cuesta.

Hay además un tiempo de respuesta, que es lo que se mide cuando hay plazos comprometidos.

Qué pasó

Causa del paro, cuando el equipo estaba parado. Es lo que permite después analizar por qué algo se repite.

Resuelto o no. Parece obvio y es el campo que distingue una orden cerrada de una orden abandonada.

Pendiente de material y necesita volver. Son dos estados distintos y los dos útiles: sin ellos, esos trabajos viven en una libreta y el cliente se acuerda antes que nosotros.

Garantía. Si el trabajo va cubierto. Junto con el fin de garantía en la ficha del activo, es lo que evita pagar reparaciones de equipos que seguían cubiertos.

Lo que se consume

El material se consume desde la propia orden, contra el almacén y con su lote cuando lo tiene. No es un apunte posterior: al cerrar, el stock ha bajado y el coste del trabajo ha subido.

Y las horas imputadas, por técnico, que es lo que permite después calcular coste por intervención, por equipo y por cliente.

Lo que se comprueba

Si la orden lleva asociado un modelo de parte, el técnico cumplimenta el checklist con sus campos y sus valores. En las preventivas la app no deja cerrar hasta que está completo.

Los campos con valor mínimo y máximo convierten la comprobación en una medición: una lectura fuera de rango queda registrada como anomalía en el momento, y esa anomalía puede convertirse en una nueva incidencia.

Lo que la cierra

Fotos, del antes y del después. Firma del cliente recogida en pantalla, con geolocalización si se activa. Y el estado final, que puede llevar su correo asociado para avisar sin que nadie lo escriba.

Ese conjunto —tiempos medidos, material, comprobaciones, fotos y firma— es lo que convierte la orden en una prueba y no en un apunte. El mantenimiento legal se sostiene exactamente sobre esto, junto con la documentación y sus fechas.

Los estados, que son el vocabulario

Los estados no vienen impuestos: se definen. Y cada uno puede llevar su tiempo máximo, su correo asociado, su visibilidad para el cliente y la marca de no notificar.

Definir cinco estados claros con su significado acordado es una conversación de una hora que evita meses de ambigüedad sobre qué es «en curso».

Qué se puede responder después

Con las órdenes cerradas así, los informes contestan:

  • Cuánto cuesta mantener cada equipo, sumando horas y material.
  • Cuánto se tarda en responder y en resolver, por prioridad.
  • Qué proporción de horas es preventivo y cuál correctivo.
  • Qué trabajos se desvían del tiempo previsto.
  • Qué porcentaje del plan anual se ha ejecutado de verdad.

Ninguna de esas preguntas tiene respuesta si la orden se cierra con un «hecho».

Lo que la orden conecta con el resto

Una orden no vive sola: es el punto donde se cruzan casi todos los datos del sistema, y por eso los campos que la enlazan importan tanto como los que la describen.

Con el activo, que recibe la intervención en su histórico y acumula su coste.

Con el almacén, que descuenta lo consumido y actualiza el stock en el mismo gesto.

Con el técnico, cuyas horas imputadas alimentan el reparto de carga y el coste por cliente.

Con la incidencia que la originó, para poder medir cuánto costó atender un aviso y no solo cuánto se tardó.

Con el preventivo que la generó, para saber qué porcentaje del plan se ha ejecutado de verdad.

Con el ERP, al que viaja cerrada con sus horas y su material.

Esa es la razón de fondo por la que conviene no tratar la orden como un simple parte: cada enlace que se deja sin rellenar es una pregunta que dentro de dos años no va a tener respuesta.

El error más caro al configurarlas

Pedir campos que nadie va a mirar. Multiplicado por todas las órdenes del año, cada campo inútil es mucho tiempo y bastante resistencia del equipo.

La regla: cada campo que se pide tiene que volver a alguien en forma de algo útil. Si no vuelve, se quita.

Si quieres ver una orden completa con tus propios datos, puedes solicitar una demo.

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