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GMAO CLOUD

GMAO para empresas de control de plagas

Cómo organiza una empresa de control de plagas sus tratamientos periódicos, los partes en campo, la trazabilidad de biocidas y la documentación del cliente.

Actualizado el 6 min de lectura

  • Control de plagas
  • Mantenimiento a terceros
  • Trazabilidad

El control de plagas es, desde el punto de vista de la gestión, un servicio de mantenimiento preventivo con una exigencia documental muy por encima de la media. Se hacen visitas periódicas pactadas por contrato, se revisan puntos de control repartidos por una instalación, se aplican productos que hay que justificar, y el cliente guarda todo eso porque se lo van a pedir en su propia auditoría.

Un GMAO encaja bien ahí, pero hay que configurarlo pensando en tres cosas: el plan de visitas, el registro en campo y lo que queda escrito después.

El plan de visitas es el contrato

La diferencia con un departamento de mantenimiento interno es que aquí el plan no lo decide la empresa: lo decide lo que se ha vendido. Si el contrato dice doce visitas al año y se hacen once, hay un problema contractual antes que operativo.

Por eso el mantenimiento preventivo es el corazón del sistema. La gama de comprobaciones se asocia al punto de control, a su modelo o a toda una familia —cebaderas, trampas de captura, lámparas de insectos, puntos de inspección—, se define la periodicidad, y las órdenes de trabajo se generan solas con su técnico y su fecha.

Dos detalles que evitan desviaciones: el sistema comprueba antes si el día es festivo y si el técnico está disponible, y un mismo punto admite varios periodos a la vez, que es como funciona el sector —la revisión mensual es una cosa y la revisión anual con informe es otra—.

Cada punto de control es un activo

Es el cambio conceptual que más rendimiento da y el que menos empresas hacen.

Si el sistema solo conoce «el cliente» y «la visita», el histórico es una lista de fechas. Si cada dispositivo es un activo con su ubicación —incluida su posición geográfica—, su tipo, su número y su histórico, entonces se puede responder a la pregunta que de verdad importa: qué puntos concretos están dando actividad, desde cuándo y con qué tendencia.

Cada punto puede llevar además campos propios con su tipo y su unidad, porque lo que describe una cebadera no es lo que describe una lámpara. Y su código QR pegado al dispositivo, de forma que el técnico escanea y sabe exactamente en qué punto está, sin depender de una numeración escrita a mano que cada uno interpreta a su manera.

El registro en campo, con valores

Aquí está la diferencia entre un parte que sirve y uno que no. Un checklist de casillas dice que se pasó por el punto; uno con valores dice qué se encontró.

Los checklists admiten campos con su tipo, su etiqueta y, cuando procede, su valor mínimo y máximo, de manera que una lectura fuera de rango quede registrada como anomalía en el momento. Eso permite que un nivel de actividad por encima del umbral no sea un comentario al margen sino un dato que después se puede contar, graficar y convertir en incidencia con su prioridad.

Los modelos de parte se resuelven en cascada —punto concreto, modelo, subfamilia, familia—, así que el protocolo de un tipo de dispositivo se define una vez y se aplica a todos.

En la app de técnicos el técnico cumplimenta todo eso en la propia instalación, adjunta fotos, imputa el tiempo con cronómetro y recoge la firma del responsable del centro en la pantalla. Y funciona sin cobertura, que en este sector no es un detalle: buena parte del trabajo ocurre en sótanos, cámaras, cuartos de basuras y falsos techos.

El producto aplicado y su trazabilidad

Esta es la parte que distingue al sector. Lo que se aplica hay que poder justificarlo: qué producto, qué cantidad, qué lote.

Se gestiona con almacén y artículos. Cada producto lleva su código, su referencia, su marca y su coste; y los que lo necesitan —prácticamente todos los biocidas— se controlan por lote, con su código, su fecha de fabricación y su fecha de caducidad. El consumo no es un apunte posterior: el técnico lo registra al cerrar la orden, contra el almacén que corresponda.

Dar de alta la furgoneta de cada técnico como almacén propio es lo que hace que esto cuadre de verdad, porque es donde está el producto. Los traspasos desde el almacén central registran quién los pidió y quién los aprobó.

El resultado es que se puede responder con exactitud a qué lote se aplicó en qué instalación y qué día, que es la pregunta que llega cuando algo va mal.

La documentación que el cliente archiva

Un cliente de control de plagas —una industria alimentaria, un hotel, un hospital— no guarda los partes por gusto: los guarda porque se los van a pedir.

El gestor documental permite colgar documentos del cliente, de la dirección, del activo, de la orden o del proveedor, y decidir quién los ve: cliente, técnico, proveedor. Los certificados llevan además su número, su alcance, su emisor y su titular, y cualquier documento puede llevar fecha de caducidad con revisión diaria de lo que está a punto de vencer y su aviso correspondiente.

Eso cubre tanto lo del cliente —certificados de tratamiento, fichas de seguridad, planos de ubicación de puntos— como lo propio: carnés de aplicador, inscripciones en registro oficial, seguros, y los equipos de protección individual del personal con su caducidad avisada.

Que el cliente lo consulte solo

Buena parte de las llamadas que recibe una empresa de este sector no piden nada: piden el último informe, o preguntan cuándo toca la próxima visita.

Con su acceso propio el cliente se descarga los partes de cada intervención cuando los necesita, abre incidencias con foto si detecta algo entre visitas, consulta sus activos y —esto es lo que más se agradece— ve sus próximos preventivos en calendario, así que organiza el acceso al centro sin que nadie tenga que llamarle.

Como las licencias son ilimitadas en los tres planes, dar acceso a todos los clientes no es una decisión económica.

Lo que hay que tener claro

No hay un módulo de «control de plagas». Todo lo anterior se monta con los mecanismos generales: preventivo, checklists, activos, lotes y documental. Es una ventaja —se configura a la medida del protocolo de cada empresa— pero hay que saberlo al comparar, porque algunos proveedores venden un vertical cerrado.

El software no certifica nada. Registra y demuestra lo que se hizo, con su fecha y su autor. Quien responde ante una norma o una auditoría es la empresa.

Por dónde empezar

Por un cliente y sus puntos de control, con su protocolo convertido en checklist y su periodicidad. En cuestión de días hay visitas generándose solas y partes cerrándose con datos reales, y se descubre lo que había que ajustar antes de volcar toda la cartera.

Si quieres verlo con tu protocolo y tus puntos, puedes solicitar una demo o escribirnos.

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