Saltar al contenido
GMAO CLOUD

GMAO para talleres mecánicos

Cómo organiza un taller mecánico sus órdenes de reparación, los repuestos con su coste, los tiempos reales de cada trabajo y el histórico de cada vehículo.

Actualizado el 6 min de lectura

  • Talleres
  • Órdenes de trabajo
  • Almacén

Un taller mecánico se parece bastante a un departamento de mantenimiento, con una diferencia: el activo no es suyo y se va. Eso cambia dos cosas. La primera es que el histórico hay que guardarlo por vehículo, no por instalación. La segunda es que cada trabajo tiene que poder justificarse ante alguien que no estaba delante mientras se hacía.

Un GMAO cubre bien ese escenario, y estas son las partes que más se notan.

La orden de reparación con tiempos reales

El problema clásico del taller no es no saber qué se hizo: es no saber cuánto tiempo llevó de verdad. Las horas se estiman, se redondean o se apuntan al final del día, y a partir de ahí el margen de cada trabajo es una suposición.

En la orden de trabajo el tiempo se mide con cronómetro desde la propia orden, y la orden guarda el tiempo objetivo, el estimado y la desviación entre lo previsto y lo real. Esa comparación es la que permite dos cosas: presupuestar mejor la próxima vez y detectar qué tipo de trabajos se están vendiendo por debajo de lo que cuestan.

La orden guarda también si el trabajo va en garantía, si está pendiente de material y si hace falta volver, que son los tres estados que en un taller se gestionan a base de notas adhesivas.

Repuestos: coste, lote y stock mínimo

El almacén es donde un taller se desangra sin enterarse. La pieza que se montó y no se cobró, la que se compró dos veces porque no constaba, la que caducó en la estantería.

En almacenes y artículos cada referencia lleva su precio de coste y de venta, su código, su referencia original, su marca y su modelo, y su stock mínimo para avisar antes de quedarse sin ella. Las piezas que lo necesitan llevan lote con fecha de caducidad y de fabricación —relevante en consumibles, líquidos y baterías—, y los traspasos entre almacenes registran quién los pidió y quién los aprobó.

Lo importante es que el consumo no es un apunte aparte: es consecuencia de cerrar la orden. La pieza sale del stock y entra en el coste del trabajo en el mismo gesto.

Cuando hay que reponer, el circuito sigue en compras, con su proveedor, su almacén de destino y sus líneas.

El presupuesto que se convierte en trabajo

En un taller casi nada se hace sin aprobación previa, y ahí se pierde tiempo: se hace el presupuesto en un sitio, se espera, y cuando llega el sí hay que volver a teclearlo como orden.

El gestor de presupuestos cierra ese circuito: el presupuesto puede nacer de una orden y generar otra al aceptarse, con su cliente, su referencia, su forma de pago y su plantilla de PDF y de correo. No hay que reescribir nada, y queda registrado qué se ofreció y cuándo.

El histórico por vehículo

Es lo que convierte a un taller en el taller de alguien. Saber qué se le hizo a ese coche la última vez, qué piezas llevó, qué quedó pendiente y qué anomalías se detectaron sin arreglar.

En la gestión de activos cada vehículo tiene su ficha con número de serie, modelo, fecha de instalación o matriculación, fin de garantía y los campos propios que quieras añadir, cada uno con su tipo y su unidad. Puede llevar contador —kilómetros u horas—, y su documentación asociada.

Ese histórico tiene dos usos. Uno comercial: recordarle al cliente qué toca. Otro defensivo: cuando alguien discute si una reparación se hizo o qué se cambió, hay un registro con fecha, autor y fotos.

Documentación que caduca

En el entorno de la automoción hay bastante papel con fecha de vencimiento: inspecciones técnicas, seguros, permisos, certificados de gestión de residuos, homologaciones de equipos del propio taller.

El gestor documental permite colgar documentos del vehículo, del cliente, de la orden o del proveedor, decidir quién los ve —cliente, técnico, proveedor— y ponerles fecha de caducidad. Hay una comprobación diaria de lo que está a punto de vencer que lanza el aviso correspondiente. Lo mismo se aplica a los equipos de protección individual del personal.

Los equipos del propio taller

Es la parte que casi todos los talleres descuidan: el elevador, el equipo de aire acondicionado, la máquina de equilibrado, el compresor. Son activos que paran el negocio si fallan y que además suelen tener revisiones obligatorias.

Se gestionan con mantenimiento preventivo: gama de comprobación asociada al equipo o a su familia, periodicidad, y las órdenes se generan solas. El mantenimiento obligatorio no es un módulo aparte, se hace con este mismo mecanismo, y la prueba de que se hizo sale del histórico de órdenes, los checklists cumplimentados y la documentación con sus fechas.

Avisar al cliente sin perseguirlo

Buena parte del teléfono de un taller no vende nada: son llamadas para preguntar si el coche está listo, y llamadas para avisar de que ya lo está.

Las dos se pueden reducir. El sistema de notificaciones permite asociar un correo a cada cambio de estado, de manera que el cliente se entera solo cuando el trabajo pasa a terminado o cuando queda pendiente de una pieza. Y si se le da acceso propio, puede consultar el estado de su reparación, descargarse el parte de lo que se hizo y ver el histórico de su vehículo sin marcar ningún número.

El efecto no es solo de tiempo: un cliente que ve qué se le ha hecho y con qué piezas discute menos la factura.

Dónde se nota primero

Si hay que elegir por dónde empezar en un taller, el orden que antes da resultado es este.

Los tiempos. En cuanto se mide con cronómetro en lugar de estimar, aparece la primera sorpresa: casi siempre hay un tipo de trabajo que se está vendiendo por debajo de su coste real, y lleva años así porque nadie tenía el dato.

El material no cobrado. La segunda sorpresa. Cuando el consumo se registra al cerrar la orden, la diferencia entre lo que sale del almacén y lo que aparece en factura deja de ser invisible.

Los avisos de vencimiento. La tercera, y la que menos cuesta poner en marcha: cargar las fechas de inspecciones, seguros y certificados y dejar que el sistema avise. Es media tarde de trabajo y evita el tipo de problema que no se arregla con dinero.

Qué mirar antes de elegir

Que no se pague por usuario, porque un taller crece y encoge en plantilla según la temporada. En GMAO CLOUD las licencias son ilimitadas en los tres planes.

Que el mecánico pueda usarlo sin salir del foso. La app permite imputar tiempos, consumir material, cumplimentar comprobaciones, hacer fotos y recoger la firma del cliente, y funciona sin cobertura.

Que hable con tu programa de facturación, para no teclear dos veces lo mismo. El catálogo está en integraciones.

Si quieres verlo sobre tus propios trabajos, puedes solicitar una demo.

← Todos los artículos