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GMAO CLOUD

GMAO para concesionarios de automoción

Cómo mantiene un concesionario sus propias instalaciones: taller, elevadores, cabina de pintura, exposición y las revisiones obligatorias que le afectan.

Actualizado el 6 min de lectura

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Un concesionario mantiene coches, y por eso es fácil que descuide lo que menos se espera: sus propias instalaciones. El taller, la cabina de pintura, los elevadores, la instalación de aire comprimido, la climatización de la exposición.

Son activos que paran el negocio si fallan y que, buena parte de ellos, tienen revisiones obligatorias. Este artículo va de eso, no de la gestión de la reparación de vehículos —que tiene su propio artículo en GMAO para talleres mecánicos—.

Lo que hay que mantener, por consecuencia

Lo que para el taller. Elevadores, compresor y red de aire, equipos de diagnosis, alineadora, desmontadora y equilibradora, extracción de gases.

La cabina de pintura. Es el activo más caro y el que más normativa y mantenimiento acumula: filtros, quemador, extracción, control de temperatura.

Lo que afecta a la venta. Climatización e iluminación de exposición, puertas automáticas, lavadero.

Las instalaciones generales. Electricidad, protección contra incendios, agua caliente sanitaria, gestión de residuos peligrosos.

En la gestión de activos cada equipo lleva su ficha con modelo, número de serie, fecha de instalación, coste, fin de garantía, ubicación y su prioridad, agrupados por sistema, familia y modelo.

Los elevadores y la cabina: donde está la obligación

Es la parte que más se descuida en un concesionario y la que más riesgo tiene.

Los equipos de elevación tienen revisiones periódicas obligatorias, y la cabina de pintura arrastra requisitos de instalación, extracción y emisiones. A eso se suma la instalación eléctrica, la protección contra incendios y la gestión de residuos peligrosos del taller.

Conviene saberlo antes de buscarlo en el menú: el mantenimiento legal no es un módulo de GMAO CLOUD. Se hace con el mecanismo general de mantenimiento preventivo, asociando al activo, a su modelo o a su familia la gama que exige la norma y definiendo la periodicidad. El sistema genera las órdenes de trabajo por su cuenta, comprobando antes si el día es festivo y si el técnico o el proveedor está disponible.

La prueba sale del histórico de órdenes, de los checklists cumplimentados y de la documentación con sus fechas. El software registra y demuestra; quien responde ante la inspección es el concesionario.

El uso, que no va por calendario

Un compresor o una cabina no se desgastan por meses: se desgastan por horas de funcionamiento y por ciclos. Y en un concesionario la carga es muy estacional.

Para eso está el preventivo por contador: el activo lleva sus horas o sus ciclos con un límite y un porcentaje de aviso, y cuando se registra una lectura que supera el umbral el sistema genera la orden preventiva automáticamente.

Se combina con la periodicidad por tiempo, que cubre lo que toca por meses —filtros, aceites, revisiones normativas— independientemente del uso. Un mismo activo admite varios periodos a la vez.

Las ventanas: el taller no puede parar

Con la agenda llena, una intervención en un elevador o en la cabina cuesta producción directa. El trabajo va a primera hora, a última o en días de menor carga.

Por eso importa ver la carga en el calendario y poder mover el trabajo arrastrándolo. Si reprogramar cuesta más que ignorar el plan, el plan se ignora y el sistema deja de reflejar la realidad.

Que el aviso entre desde el taller

Quien ve el problema es el mecánico o el jefe de taller, con las manos ocupadas. Si hay que ir a un ordenador, no se avisa.

Una incidencia puede entrar desde un acceso propio con descripción y foto, o desde un buzón de correo que el sistema convierte en avisos. Con su tipo, su prioridad, la zona y el equipo afectado, y con tiempo máximo por estado para que lo urgente —un elevador fuera de servicio— no se confunda con lo que puede esperar.

Los proveedores, que son casi todos

Prácticamente todo lo ejecutan empresas externas: una para elevadores, otra para la cabina, otra para el compresor, otra para clima y protección contra incendios.

Se dan de alta como proveedores y reciben las órdenes que les corresponden, con sus tiempos, su material, su documentación y su firma. Como las licencias son ilimitadas en los tres planes, darlos de alta a todos no es una decisión económica.

Sin eso, el concesionario tiene facturas pero no expediente. El informe de plan anual ejecutado contesta cuántas intervenciones estaban contratadas y cuántas se hicieron, que es la pregunta que rara vez se puede responder.

Los vencimientos, que es lo que más riesgo quita

Certificados de revisión de elevadores, documentación de la cabina, contratos de mantenimiento, seguros, autorizaciones de residuos, extintores.

El gestor documental los cuelga del activo, del proveedor o de la orden, decide quién los ve y les pone fecha de caducidad, con comprobación diaria de lo que está a punto de vencer y su aviso correspondiente. Los certificados llevan su número, su alcance, su emisor y su titular.

Cargar esas fechas es media tarde y es, casi siempre, lo que antes se rentabiliza de toda la implantación.

El coste de una hora de taller parada

Es la cuenta que casi nunca se hace y la que cambia las decisiones.

Cuando un elevador está fuera de servicio, el coste no es la reparación: son las horas de taller que no se pueden facturar y la agenda que hay que reubicar. Frente a eso, adelantar una revisión o tener un recambio en el almacén sale barato casi siempre.

El histórico permite hacer esa cuenta. Los informes dan el coste acumulado por equipo, los tiempos de parada y cuántas veces ha fallado cada uno, que es lo que decide si un elevador con doce años se repara otra vez o se sustituye.

Existe además un automatismo pensado para eso: sobre un activo se puede registrar su coste de reposición y un porcentaje de aviso, y el sistema notifica cuando el gasto acumulado en repararlo lo supera. No genera una orden —renovar es una decisión de negocio—, pero pone la cifra delante justo cuando toca mirarla.

Si tienes varias instalaciones

Un grupo con varios concesionarios o varias marcas tiene instalaciones muy parecidas entre sí. La gama se define por familia y se despliega sobre todos los centros, y los informes por instalación dicen cuáles concentran las averías y cuánto cuesta mantener cada una.

El cruce entre anomalías y modelo de equipo es el que da argumentos: cuando un fallo se repite en el mismo modelo en varias sedes, deja de ser mala suerte.

Por dónde empezar

Por los equipos con obligación normativa —elevación, cabina, instalación eléctrica, incendios— con sus gamas, sus periodicidades y sus proveedores dados de alta, y por las fechas que vencen. El resto del inventario entra después.

Si quieres verlo con tu instalación, puedes solicitar una demo.

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